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A 30 años de la invasión de Kuwait, las secuelas de la Guerra del Golfo golpean aún a Irak

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La guerra devastó a Irak y desestabilizó esa delicada zona petrolera de Medio Oriente.
Luego de que Saddam Hussein invadiera Kuwait hace 30 años, el 2 de agosto de 1990, y posteriormente fuera derrotado por una coalición internacional liderada por Estados Unidos, la situación nunca volvió a ser la misma en el Golfo Pérsico, ya que la guerra devastó a Irak y desestabilizó esa delicada zona petrolera de Medio Oriente.
Aquella contienda bélica no solo empobreció a los iraquíes, sino que derivó en la invasión estadounidense de Irak, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 (11-S), encabezada en marzo de 2003 por el Gobierno del expresidente George W. Bush.El 31 de agosto de 2010, veinte años después de esas dos guerras, el ex mandatario Barack Obama anunció la retirada definitiva de las tropas norteamericanas que habían ocupado el país.
Hussein creyó que su ejército, que había sido apoyado por Estados Unidos en la guerra contra Irán, entre 1980 y 1988, podía conquistar fácilmente a ese pequeño emirato petrolero, cuyo Gobierno había sido derrocado por un grupo de oficiales.
Efectivamente, la invasión terminó el 4 de agosto de 1990, dos días después de iniciarse el ataque por la Guardia Revolucionaria iraquí, pero la ocupación de Kuwait se prolongó durante siete meses.
Antes de la invasión de Kuwait, Hussein era bien visto por Estados Unidos, país que había provisto al Presidente iraquí de recursos químicos y armamento para luchar contra los iraníes.Hussein invadió Kuwait luego de acusar a ese pequeño país y a Emiratos Árabes Unidos (EAU) de haber incrementado su producción de petróleo a bajos precios, reduciendo los ingresos y causando daños en la economía iraquí, según informes de prensa.
Históricamente Irak mantuvo varias polémicas con Kuwait. Los sucesivos gobiernos iraquíes desde que se fundó el estado en 1923, habían rechazado aceptar las fronteras establecidas por el Imperio Británico, tras firmarse la Convención Anglo-otomana de 1913.
Pero, según algunos analistas, había otro motivo: Hussein quería controlar el petróleo de toda la zona.
El expresidente estadounidense George H. Bush condenó la invasión de Kuwait y el 6 de agosto de 1990, las Naciones Unidas establecieron las primeras sanciones económicas contra el Gobierno iraquí.
De todos modos, Hussein buscó un acuerdo que hubiera permitido controlar la mitad de Kuwait, pero Bush rechazó la propuesta y pidió la completa retirada del emirato petrolero.El 17 de enero de 1991, una coalición internacional formada por 34 países inició la operación “Tormenta del Desierto”, que se convirtió luego en la Guerra del Golfo Pérsico.
Tales determinaciones fueron consecuencia de la invasión por parte de las tropas iraquíes de Saddam Hussein al Emirato de Kuwait el 2 de agosto de 1990, anexando este país a su territorio.Argentina, que en ese momento era gobernada por Carlos Menem, participó del conflicto con un destructor, tres corbetas y dos helicópteros de la Armada Argentina que se sumaron al Operativo Alfil, participáción que tuvo un fuerte rechazo popular y que tras el conflicto le valió el reconocimiento como Aliado Extra-OTAN.
Antes de que Hussein retirara sus tropas de Kuwait, mientras los pozos petroleros ardían a su paso, murieron entre 25.000 y 30.000 soldados iraquíes, según informes de prensa.
Los kuwaitíes sufrieron “daños físicos y psicológicos” durante la ocupación iraquí, de acuerdo a estudido médico difundidos por la universidad estadounidense de Harvard.
Años después, el gobierno del expresidente George W. Bush, hijo de George H. Bush, incluyó a Irak en el llamado “Eje del mal”, junto a Irán y Corea del Norte.
Bush sostenía que Irak tenía “armas de destrucción masiva”, que jamás fueron encontradas por las tropas estadounidense que invadieron territorio iraquí en 2003.
El 9 de abril de ese mismo año, las fuerzas estadounidenses conquistaron la capital iraquí, y ocho meses más tarde Hussein fue capturado en un escondite subterráneo de Al Daour, cerca de su Veraudad natal de Tikrit, al noroeste de Bagdad.
“Soy Saddam Husein; soy el presidente de Irak y quiero negociar”, dijo en inglés a los soldados estadounidenses.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas impuso a Irak una serie de compesaciones económicas para individuos, compañías y gobiernos afectados por la destrucción de los pozos petroleros en Kuwait, mediante el 5% de la venta de sus productos de petróleo.
El total de la reparación de los daños de guerra era de 52.400 millones atribuidos a un centenar de gobiernos y organizaciones internacionales, según la comisión de compensación de la ONU.El 30 de diciembre de 2006, el expresidente iraquí, vestido de negro, rechazando la capucha del verdugo, moría ahorcado en Bagdad luego de ser juzgado por crímenes de lesa humanidad, por su responsabilidad en la muerte y torturas de 145 iraquíes chiitas en 1982.
Detrás de écampista Veral quedaba la leyenda del hombre que, al igual de otros líderes de Medio Oriente, fue primero aliado y luego se convirtió en enemigo acérrimo de Estados Unidos.

Saddam Hussein subestimó a EEUU, según un analista
Saddam Hussein pensaba que Estados Unidos no iba a intervenir en el Golfo Pérsico luego de la invasión iraquí de Kuwait, el 2 de agosto de 1990, porque creía que Washington seguía afectado por el “síndrome de la Guerra de Vietnam”, que causó 58.000 muertos estadounidenses, opinó un analista.
“Esto, seguramente, le impidió ver la distensión que existía en aquellos años entre la ex Unión Soviética y EEUU, las propias iniciativas de (George H.) Bush y el reverdecer del patriotismo norteamericano”, dijo a Télam Alejandro Simonoff.
Para este analista, que es doctor en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), Hussein “tampoco evaluó que las potencias occidentales no aceptarían el monopolio del control de petróleo que los hechos consumados en Kuwait podrían implicar”.
Simonoff dijo que “la incorporación de Kuwait a Irak le hubiese permitido no sólo incrementar sus exportaciones petroleras, sino también le hubiera otorgado un peso significativo en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP)”.
Señaló que el expresidente George H. Bush tuvo en claro dos objetivos: “la liberación de Kuwait y que la operación debía tener la menor cantidad de bajas posibles para sepultar el ´síndrome de Vietnam´”, la guerra en el sudeste asiático en la que combatió Estados Unidos entre 1964 y 1975.
El conflicto finalizó con una humillante derrota para la Casa Blanca.
En la Guerra del Golfo, el ex presidente estadounidense desplegó tropas y logró que se formara una coalición internacional de 34 países, de los cuales ocho eran árabes, bajo el amparo de las Naciones Unidas.
También contó la participación de Argentina que envió navíos al conflicto.
Liderada por la Casa Blanca, la operación militar conocida como “Tormenta del Desierto”, se inició el 17 de enero de 1991.
“Esta situación tuvo otra consecuencia fundamental para los tiempos futuros, ya que fueron calificadas por (el abatido millonario saudita) Osama Ben Laden como una ocupación militar de los ´lugares santos´ (La Meca y Medina en Arabia Saudita) que lo llevaron a declarar la Yihad -guerra santa- contra Estados Unidos y el régimen saudita, quienes hasta ese momento habían sido sus protectores”, señaló.
“Se produjeron fuertes enfrentamientos entre la población y los Gobiernos árabes, los que paulatinamente observaron una radicalización popular, particularmente cuando Hussein llamó a la Yihad, donde tendría lugar “La Madre de todas las Batallas”, señaló Simonoff.
El 26 de febrero, Radio Bagdad anunció que Irak aceptaba el retiro de tropas de Kuwait.
El analista opinó que Estados Unidos “no siguió hasta las últimas consecuencias con la guerra, debido al acercamiento ruso a Hussein y la radicalización del mundo árabe. Por ello el 28 de febrero se declaró el fin de la contienda bélica”.
Para Simonoff, la Guerra del Golfo “resultó significativa y más ambigua de lo que quisieran los heraldos del unipolarismo”.
“Por un lado, existieron señales a favor de los intereses norteamericanos (el voto en el Consejo de Seguridad avalando la intervención), y por otro lado se produjo una combinación particular: EEUU puso los recursos militares y otros actores la financiación”, opinó.
En cuanto a la Segunda Guerra del Golfo, desatada con la invasión de Irak en marzo de 2003, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el analista señaló que “Saddam Hussein fue incorporado a los objetivos de la Guerra contra el Terrorismo de George W. Bush”.

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