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“A la Historia hay que mirarla en su momento”, asegura María O’Donnel acerca de “Aramburu”

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En su libro “Aramburu”, María O’Donnell reconstruye el secuestro y asesinato del militar que fue presidente de facto, un episodio que marcó la aparición de Montoneros e instaló un debate sobre el origen de la violencia, una trama que la periodista reexamina tras una investigación que incluyó un encuentro en España con Mario Firmenich, único sobreviviente de la operación y de quien la autora señala que “su problema es que sigue hablando como si estuviese en 1970”.
Poco más de veinte años tenían los jóvenes que camuflados en atuendos militares irrumpieron en el departamento del dictador Pedro Eugenio Aramburu el 29 de mayo de 1970 y fueron recibidos por su esposa, Sara Herrera, quien los invitó a acomodarse en un sillón del living y convidó café mientras su marido terminaba de vestirse.
“General, usted viene con nosotros”, le dijo Fernando Abal Medina apenas Aramburu salió de su cuarto. Ese día se celebraba el Día del Ejercito y supuso que sus camaradas habían venido a buscarlo para participar de algún acto, pese a que sus relaciones con el entonces presidente Juan Carlos Onganía no eran óptimas.
La escena dio comienzo a una secuencia frenética que culminó tres días después en una quinta de la localidad de Timote con la ejecución del militar y marcó la presentación en sociedad de Montoneros, una agrupación integrada por Mario Firmenich, Abal Medina, Emilio Maza y Norma Arrostito, entre otros, que justificó el operativo como una acción reparadora frente a la embestida de la Revolución Libertadora que, además de derrocar a Perón, proscribió al peronismo, ordenó una veintena de fusilamientos -entre ellos el del general Juan José Valle- y dispuso el robo del cadáver de Eva Perón.
O’Donnell reconstruye esta escena como un punto de partida para indagar en los orígenes de Montoneros y en la secuencia que se articula con su libro anterior, “Born”. La intersección entre ambos textos da lugar a un juego de asimetrías donde se condensa la intensidad que tuvo uno de los períodos más turbulentos de la historia argentina: mientras “Aramburu” recrea una operación compleja pero de corta duración como fue la captura del ex presidente de facto y el inicio de la relación con Perón, su antecesor explora el secuestro de los hermanos Juan y Jorge Born en 1974, un plan que se extendió por nueve meses y en el medio del cual se produjo la ruptura de la agrupación con Perón.Télam: ¿En qué mapa te situás cuando arrancás esta investigación que plantea limitaciones como el hecho de que todos los partícipes confesos de la ejecución de Aramburu estén muertos excepto Firmenich, quien hace años no concede entrevistas y se rehúsa a hablar del tema?
María O’Donnell: Arranqué el libro pensando que podía encontrar una respuesta más clara a las preguntas persistentes sobre cómo fueron las circunstancias del cautivero y asesinato de Aramburu en La Celma. Al principio, pensé que podía revelar algunas de esas preguntas. Después me di cuenta de que el único testigo posible era Firmenich y que no tenía ningún interés en revisar ese relato, y que además el acceso a él era muy complejo.
Hablar sobre Aramburu era hablar sobre el proceso de creación de Montoneros, un hecho interesante y a su vez muy incómodo, algo que se puede ver en el repertorio de términos para nominar el hecho: crimen, asesinato, ajusticiamiento… Hay algo de la imposibilidad en el uso del verbo, en cuánto marca la palabra que uno utilice para definir el episodio. Me pareció importante explorar de dónde viene esa incomodidad. El episodio a su vez instala la discusión respecto de cuándo empieza la violencia más reciente de nuestra historia.T: ¿Cuántos interlocutores se pueden identificar en este episodio que marcó el acto fundacional de Montoneros? Se podría pensar en un gesto de amendrentamiento al gobierno de Onganía pero también en presentar ese acto al conjunto de la sociedad como “respuesta” frente a lo que habían implicado los fusilamientos ordenados por Aramburu…
MOD: Sí, aparecen esos dos pero incluso hay un tercer interlocutor, porque la operación implicó colocarse como interlocutores de Perón frente a la resistencia peronista. Aún con todas las dificultades de ser un líder en el exilio, Perón elegía quiénes eran sus intermediarios. En ese contexto, los integrantes de Montoneros irrumpen y se apropian de ese rol. Hay toda una literatura académica acerca de cómo la resistencia peronista queda muy tapada cuando este grupo de jóvenes se gana el protagonismo de la noche a la mañana. Básicamente se ponen a la cabeza de un proceso de resistencia peronista que llevaba 15 años de lucha.T: Una de las figuras centrales del libro es Firmenich, un personaje que uno podría calificar hasta de literario por la manera en que administra sus silencios y sus secretos…
MOD: Firmenich tiene un poder muy grande que surge de ser el único relator de lo que pasó en ese hecho fundacional de Montoneros. No hay nadie más que le pueda disputar ese relato: a Abal Medina lo mataron, también a Carlos Ramus y él no dio más nombres acerca de quiénes estuvieron en La Celma con Aramburu, aunque evidentemente hubo más personas. Me parece que en el hecho de adueñarse de ese relato y de dejarlo congelado en lo que alguna vez contó, se juega su propia legitimación como jefe de Montoneros. Se convierte en el heredero de ese hecho y por eso mismo ya no lo puede revisar, ya no solo con autocrítica sino con perspectiva histórica. A la Historia hay que mirarla en su momento: me parece tramposo pensar los 70 como si fuese hoy. Pero sí se lo puede pensar incorporando la perspectiva, como lo hace Ignacio Vélez Carreras que también fue parte de ese grupo fundacional.
El problema es que Firmenich sigue hablando como si estuviese en 1970. Eso lo mete en la trampa de la que él reniega cuando dice “a mí no me dejan salir de pasado, no puedo tener discusiones sobre el presente” y “lo único que quieren discutir conmigo es como jefe de Montoneros”. Pero es de la única forma en la que él habla que es desde esa fijación. Creo que para él poner en alguna perspectiva su rol en los 70 sería también como renegar de los orígenes, de lo que le dio nacimiento y sentido, primero a Montoneros y después a su jefatura. Montoneros tuvo un gesto de mucha osadía y violencia en un contexto donde había violencia.

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