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África madre. La ancestralidad nos hermana

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Se trata de una exposición en el Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers (provincia de Córdoba) de una diversidad de obras, con la idea de explorar la plástica africana y reflexionar sobre distintos acontecimientos como la diáspora de la trata negrera en América.

Integrada por la colección del artista cordobés Matías Factorovich, el Museo Nacional Estancia Jesuítica de Alta Gracia y Casa del Virrey Liniers inauguró la muestra “África madre.

La ancestralidad nos hermana”.

En ella, se expone una diversidad de obras (pinturas, esculturas, máscaras y otros objetos) con la idea de explorar la plástica africana y reflexionar sobre distintos acontecimientos como la diáspora de la trata negrera (tráfico de esclavos secuestrados) en América.

Según se expone en el texto curatorial, las máscaras y estatuillas que forman parte de esta exposición provienen de África occidental, principalmente de la República de Costa de Marfil y de la República de Ghana. El propio Factorovich las adquirió en los viajes, durante la década de 1990.

La mayoría de estas piezas son contemporáneas, realizadas en madera tallada y pintada. Y explican: “Originalmente los embozos no cumplían una función de cubrir el rostro y pueden conceptualizarse como elementos protectores y disuasorios, puesto que estas mascaras son contenedoras de espíritus de antepasados, que protegen poblados de invasores, y expresan la autoridad social y los valores importantes para cada comunidad”.

El artista, por su parte, compartió: “De niño miraba un libro de antiguo africano que estaba en mi casa. Me generaba una atracción irresistible. El llamado arte tribal, como si lejos de buscar un fin estético solo se dedicara a tratar de captar el espíritu de lo representado. Me atravesaban como un hechizo la síntesis brutal y los arquetipos de otro hemisferio. Siempre fantasee con estar ahí. Ver todo eso con mis propios ojos.

Mi primer viaje lo realice a los 16 años, sin Internet, ni teléfono, ni Google. En esa experiencia logré observar que las piezas de tribal circulan por todo África, hay un gran mercado. Es difícil distinguir su origen porque se van mezclando con piezas de distintas etnias”.

Y agregó: “Fue en esa experiencia cuando conocí a Esellina, desde entonces fue mi madre negra por el resto de los días. No sé porqué pero ella respetaba mi desaforada necesidad de entender su universo y me contaba lo que sabía, me ayudaba en la búsqueda de vendedores de piezas del África negra”.

“El segundo viaje fue a los 21 años. En esa oportunidad visité un mercado mayorista de africano en Johanesburgo, donde los comerciantes llegan a vender lo que recolectan en sus viajes por el interior del continente. Tenía ganas de llorar, sentía que la historia del mundo estaba encriptada en esa montonera de estatuillas y máscaras. En otros viajes a otros continentes, me encontré también con algunas piezas, es que el universo de África se extiende por el mundo entero. Por todos esos viajes mis máscaras y estatuillas arriban a mi ciudad en una instalación diseñada en conjunto con el equipo del Museo”, concluyó Factorovich.

Reconocimiento afro en el discurso del Museo

En su inicio, el Museo construyó una narrativa basada en la herencia europea y americana. Sin embargo, faltaba una tercera raíz latente no visibilizada: el aporte africano. Una primera experiencia para incorporarla fue el taller de danza y música afro, realizado a finales de los 80. Este sería el germen de lo que pasaría tiempo después.

El Museo comenzó a transitar ese camino con capacitaciones, lecturas, diálogos y debates, para interpretar y mediar la transformación cultural. Somos América, África y Europa. Desde hace más de veinte años, la institución realiza su trabajo en tres claves: Investigación, como soporte de la narrativa; producción de o acciones educativas; y mediación, con que visitan el Museo o participan en las actividades. Incorporar voces y presencias, reconocernos con y en el otro, forman parte de este proceso: la reafirmación del legado afro en la construcción identitaria nacional al que adhiere el Museo de la Estancia de Alta Gracia.