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Atraídos por la sangre o el abismo, los lectores de Stephen King no tienen espacio para aburrirse

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Los cuatro nuevos relatos del libro “La Sangre manda” de Stephen King llegan a la Argentina en el momento que la extrañeza, el terror o lo fantástico -no solo en el país, si no en el mundo entero- generan una vacilación diferente entre lo científico y lo maravilloso, cuando los paradigmas del género son cuestionados tanto por escritores como por lectores, donde, incluso las bases de un premio literario pasan a debatirse en el acotado mundo literario, aunque la lectura del autor norteamericano, no necesita de una pandemia, porque se basta por sí misma para actualizarse todo el tiempo.
Las cuatro historias del libro “If It Bleeds” -traducido en español como “La sangre manda” y editadas por el grupo Penguin Random House- ubican a Stephen King luego de 46 años de haber publicado su primera novela, “Carrie”, como un autor alejado de la simple etiqueta de “escritor comercial”, a pesar de haber vendido más de trescientas cincuenta millones de copias que se reparten entre 61 novelas, 11 colecciones de relatos (incluido esta última) y 5 libros de no ficción.
“King es un escritor orgullosamente comercial -señalaba en 2017 la escritora Mariana Enriquez en una nota titulada “Los sueños caídos” y agregaba-: en general sus colecciones de cuentos son recopilaciones, por lo tanto, libros sin mayor coherencia interna.” Esto decía la escritora y actual directora del área de letras del Fondo Nacional de las Artes (FNA), por el lanzamiento del libro “El bazar de los malos sueños”: lo mismo podría decirse con esta colección de relatos.

“El teléfono del señor Harrigan”, “La vida de Chuck”, “La sangre manda” y “La rata” son relatos sin una isotopía que los cruce pero que impresionan, no solo por la originalidad (si es que fuese necesaria) si no por su destreza en la trama, sobre todo en el segundo, donde la historia del ejecutivo Charles “Chuck” Krantz, está contada al revés y en tres actos en medio de un clima apocalíptico. También impacta la dosificación precisa de la información para crear el clásico suspenso al que tiene acostumbrado King a sus lectores y su maestría en la creación de los personajes ambiguos, misteriosos, humanos.
“La Sangre manda” es lanzado en la Argentina en el mismo momento en que Enriquez recibe críticas por la iniciativa de confeccionar para la nueva edición del concurso del Fondo Nacional de las Artes (FNA) las bases en las que solo se permiten obras inéditas de ciencia ficción, fantástico y terror, géneros en los que King ha trabajado toda su vida y que, por algunas décadas, estuvieron marginados dentro de la literatura académica y alejados del prestigio de la crítica canónica.
Una discusión que recuerda a las viejas polémicas de los 60 o 70, sobre todo a la que mantuvieron Julio Cortázar y el escritor colombiano Oscar Collazos publicada en el semanario Marcha de Montevideo en agosto de 1969 sobre “la fuga de la realidad” que provoca el fantástico. A la cual el autor de “Rayuela” responde, en defensa del género que tanto desplegó en sus cuentos, que “la novela revolucionaria no es solamente la que tiene un ‘contenido’ revolucionario sino la que procura revolucionar la novela misma, la forma novela, y para ello utiliza todas las armas de la hipótesis de trabajo: la conjetura, la trama pluridimensional, la fractura del lenguaje”.
King en este sentido es un revolucionario constante. El escritor nacido en Portland, Maine, en 1947 es un especialista en trabajar sobre la fina divisoria entre realidad y fantasía, de hacer surgir por la porosidad de la realidad lo fantástico, tal como teorizaba Cortázar. El escritor estadounidense lo aborda en varias de sus novelas, pero sobre todo en “La mitad oscura”, en “Un saco de huesos” y en “La invocación”. En los relatos de “La sangre manda” sucede exactamente lo mismo: es el lector quien vacila entre encontrar una solución científica o sobrenatural, tal como explica “lo fantástico” Tzvetan Todorov en su célebre trabajo “Introducción a la Literatura Fantástica”.
En el relato “La rata” -que puede leerse en diálogo con su famosa novela “Misery”- es el lector quien tendrá que optar si lo que sucede pasa dentro de la cabeza de Drew Larson, el personaje escritor, o es un ser realmente sobrenatural que dialoga con el protagonista.
“La rata” es “un cuento de hadas malévolo” asegura King y agrega que este relato le “dio ocasión de escribir un poco sobre los misterios de la imaginación y cómo se traduce eso en la página”. El protagonista es un escritor quien luego de publicar un exitoso cuento quiere escribir una novela, pero malestares físicos y psicológicos se lo impiden. Decide irse a vivir a la cabaña de su padre en la mitad del bosque con la finalidad de concentrarse en su historia.
En la atracción a los abismos que provoca la soledad, sus problemas se acentúan y por eso pacta con una rata (no tiene mucho sentido ocultar este detalle porque aparece en el título del relato) el desbloqueo del escritor a cambio de la muerte de un ser querido, lo que le traerá, como Mefistófeles a Fausto, nefastos resultados para el novel escritor.
En el tercer relato, el que le da título al libro, la protagonista es la recordada detective privada Holly Gibney quien además de participar en la “Trilogía de Bill Hodges” (“Mr. Mercedes”, “Quien pierde paga” y “Fin de Guardia”) aparece como personaje en la novela “El visitante”. En esta historia ella empieza a tener más carnadura. King, en la nota final del libro, dice “Adoro a Holly. Así de sencillo”.
Es tal la adoración que ahora Holly Gibney es la jefa de agencia de detectives Finders Keepers e investiga a Chet Ondowsky, un periodista de televisión que aparece en la escena del atentado a un colegio de niños, uno de esos corresponsales que parecen “estar siempre presentes en los escenarios de tragedias horrendas… todo el mundo en el medio conoce el axioma de que la sangre atrae a las audiencias o, por así decirlo, que la sangre manda.”, remarca King, para explicar el título del relato y del libro.
La historia que abre la colección “El teléfono del señor Harrigan”, inspirada en una película que vio de niño King, cuenta la historia de Craig, un adolescente, quien le lee desde los nueve años al Sr. Harrigan, un jubilado, con el cual a lo largo de los años han desarrollado una amistad. A la muerte del Sr. Harrigan, el chico descubre que puede comunicarse con su amigo a través del iPhone que el muerto le había regalado y él le puso en el bolsillo cuando lo enterraron.
Las cuatro historias de “La sangre manda” trabajan con lo familiar, pero en un punto se vuelven extrañas, se enajenan, aparece lo ominoso, lo siniestro (“das unheimliche”, tal como Sigmund Freud explica esa sensación). El narrador declara que cuando le pregunta de dónde surgen estas ideas, con frecuencia no sabe qué contestar, lo cual lo incomoda y se avergüenza un poco, piensa que debe ser algún complejo de la infancia “A veces doy la respuesta sincera (‘¡Ni idea!’). No creo que importe de dónde surgen las historias, ni que sean fantásticas, o de terror o de ciencia ficción porque la atracción al abismo y el miedo que generan en los lectores es real. Y eso es lo que importa”, sostiene King.

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