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Comenzó la carrera para elegir al sucesor de la primera ministra Jacinda Ardern

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La renuncia de la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, desató una carrera en el Partido Laborista para elegir a la persona que ocupará el cargo, entre ellos una ministra maorí.

Ardern, de 42 años, que era considerada una figura política promisoria, sorprendió este jueves al anunciar su renuncia menos de tres años después de haber renovado el cargo, que dejará a más tardar el 7 de febrero.

La mandataria, que tuvo que enfrentar la pandemia de Covid-19 y el peor ataque terrorista de la historia del país, dijo que no tenía “energía” para seguir y que quería dedicarse a a su hija, nacida poco después de su llegada a la jefatura del Gobierno, en 2017.

“He dormido bien por primera vez en mucho tiempo. Pero estoy entre una gama de emociones. Me siento triste, pero también tengo un sentido de alivio”, admitió este viernes Ardern en declaraciones a la prensa.

Asimismo, dijo estar abrumada por las respuestas que recibió de líderes internacionales y neozelandeses que lamentaron su salida.

Los candidatos para el reemplazo

Ardern renunció sin dejar un claro sucesor y el Partido Laborista ahora corre en busca de un sustituto.

Está previsto que el nombre de la persona que encabezará el Gobierno a partir del 7 de febrero se conozca el fin de semana.

Los aspirantes tienen hasta este sábado a la mañana para presentar candidaturas, para lo cual necesitan reunir el aval de al menos siete diputados, equivalente al 10% del grupo.

El coordinador del grupo laborista, Duncan Webb, dijo que si hay varios aspirantes habrá una votación el domingo para depurar la lista hasta conseguir uno que obtenga una mayoría de dos tercios.

Si hubiera un aspirante, el nombre del reemplazo de Ardern se conocerá este sábado, informó la agencia de noticias Europa Press.

El ministro de Educación, Chris Hipkins, de 44 años, es el principal favorito, luego de que el viceprimer ministro, Grant Robertson, descartara presentarse al puesto.

Hipkins también ocupó los Ministerios de la Policía y Servicios Públicos. Además, fue el Primer Ministro de Respuesta a la pandemia de covid-19.

Otros nombres en la contienda son la ministra de Justicia, Kiri Allan, de origen maorí, así como el ministro de Migración, Michael Wood, informó la agencia de noticias AFP.

Ninguno de los tres confirmó que quiera disputar el puesto.

Allan, una exabogada comercial, entró al Parlamento en 2017 y fue vista rápidamente como futura líder y posiblemente la primera maorí jefa de Gobierno.

Debió ausentarse del Parlamento en abril de 2021 al ser diagnosticada con cáncer cervical, pero regresó a trabajar tres meses después.

Los primeros colonos maoríes habrían llegado a desde la Polinesia hace 700 años. Cerca de 17% de la población neozelandesa, de 5 millones, se identifica como maorí, según el último censo.

Se espera que los 15 legisladores laboristas maoríes tengan peso en la elección del nuevo líder.

“Obviamente nos gustaría que un día haya un primer ministro maorí”, declaró el legislador laborista Kelvin Davis.

Willie Jackson, exlíder de los maoríes laboristas del Parlamento, consideró de gran importancia su participación en las discusiones.

“Estamos hablando del primer ministro de nuestro país, así que queremos tener un rol”, expresó.

La formación Te Pati Maori, también conocido como Partido Maorí, considera que es hora de tener un primer ministro de origen maorí.

“Cualquier cosa menos que eso sería un retroceso para Aotearoa (Nueva Zelanda) desde Jacinda Ardern”, dijeron en un comunicado los colíderes del partido, Debbie Ngarewa-Packer y Rawiri Waititi.

En tanto, Wood, de 42 años, fue el encargado de subir el salario mínimo del país y tiene amplio respaldo en el movimiento sindical.

El próximo premier tendrá el desafío de mantener al partido en el nivel de popularidad en que lo colocó Ardern en 2017, tras más de una década de liderazgo del Partido Nacional.

La jefa de Gobierno supo ganarse la aprobación popular con su carisma y empatía, pese al desgaste sufrido en los últimos meses por variable económicas como la inflación, pero también por su estrategia en la pandemia, en un principio ampliamente alabada pero castigada al final por haber extendido demasiado tiempo las restricciones sanitarias.

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