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El director chubutense Darío Castro estrena “Los Lázaros” en Esquel

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“Los Làzaros”, de Melisa Stocco se estrena en Esquel (Foto: Sayi Serra, Esquel/TNC)
El director Darío Castro tiene en sus manos la obra “Los Lázaros”, de Melisa Stocco, que se estrenará en forma presencial en el Auditorio (Belgrano 330) de la ciudad de Esquel, de Chubut, este viernes a las 21, como parte del ciclo “Teatro Nacional Cervantes produce en el país”.
Se verá de viernes a domingos a las 21 hasta el 17 de octubre, con entrada gratuita y aforo del 30% por Covid.
El elenco se integra con Jairo Bedoya Ruiz, Judith del Pino, Camila Guillard, Nené Guitart, Antü Paillacan Ocampo, Rubén Pasalacqua Nahuelan e Ileana Scaglia.
Según la trama, ubicada en “Patagonia Urania, año 2654″, siete animales de distintas especies reaparecen tras la extinción masiva provocada por el hombre. Como ánimas de dimensiones indescifrables, los Lázaros urden la memoria de una tierra pasada y la resistencia del presente.”Nos interesaba sensibilizar y movilizar las categorías de memoria, territorio e identidad, en pos de ir (des)conociéndonos en el proceso.””Dario Castro”A primera vista la fábula emerge como un posible organizador del relato, pero en realidad el tejido narrativo y orgánico de la pieza propone -casi irónica, y en un humor por momentos catastrofista- una Patagonia distópica en el año 2654. Esto fue revelándose a los inicios del el trabajo con el elenco y la dramaturga Melisa Stocco”, cuenta el director en diálogo con Télam.Télam: Quiere decir que el texto final apareció a partir de improvisaciones y fijación de pasajes…
Darío Castro: Las exploraciones iniciales nos reportaban imágenes y atmósferas vinculadas a un no-futuro. El vacío del espacio de ensayo y el campo de exploraciones de los cuerpos fueron arrojando signos y materialidades que fundaron el tono de la propuesta.T: ¿Cómo fue elegido el elenco y cuál es la formación más habitual del intérprete chubutense?
DC: Esta obra cuenta con un elenco concertado. En la escritura del proyecto clarifiqué que me interesaba recuperar repertorios afectivos, sensibles y poéticos de las y los participantes, en un marco de producción teatral situado histórica, cultural, política y estéticamente; por lo que en su mayoría convoqué a creadoras y creadores escénicos de la comunidad que había visto en escena en los últimos años.
Apunté a un grupo de profesionales atendiendo al despliegue técnico de cada una/uno. Realizamos una entrevista que diseñamos con Melisa en la que además de considerar el trabajo profesional, les propusimos generar archivos sonoros, visuales, textos en torno al propio linaje y árbol genealógico, los traslados y migraciones propios y de su familia, así como las marcas y cicatrices que consideraban una herencia.T: La antropología en carne viva.
DC: Nos interesaba sensibilizar y movilizar las categorías de memoria, territorio e identidad, en pos de ir (des)conociéndonos en el proceso. Personalmente fue muy clara la sensación de que cada una y cada uno de ellos aportaría algo personal y potente a este proceso de creación.
En cuanto a la formación, en la provincia hay diversidad de estilos y modos de encarar la profesionalización en el campo de la actuación. Dentro del colectivo que conformamos en El Jardín TeatroLab, apuntamos a generar trayectos de estudio e investigación entendiendo que el entrenamiento corporal y vocal son dimensiones imprescindibles en la actuación, así como la ejecución de instrumentos musicales, el canto, prácticas de movimiento y danza y la disposición al cruce y estudio con otros campos del arte.T: ¿Por qué razones creés que la obra fue elegida en el concurso del TNC?
DC: Quizás el modo de comunicar el proyecto y la descripción de los de ensayos e investigación, en consonancia con la búsqueda de una práctica situada localmente, pero al mismo tiempo abierta a dialogar con problemas y reflexiones contemporáneas de orden estético, filosófico, ético y ambiental. Una particularidad nuestra es que trabajamos con dramaturgias que se escriben en los procesos de investigación, y esto, sumado al deseo y escucha de la singularidad de cada miembro del equipo, confluyen en con un lenguaje propio.T: ¿Cómo se ubica tu nombre y tu historia en el teatro chubutense, habida cuenta de las experiencias de formación nacionales e internacionales que exhibís?
DC: Mis comienzos fueron en la danza folclórica. Luego la danza contemporánea fue delineando intereses y ampliando las referencias. En 2000 comencé teatro aquí en Esquel, y mis primeras experiencias en talleres fueron fundantes. Me llevó algunos años articular ambos campos, vivía la danza y el teatro por separado: un poco por la herencia occidental teatral de escindirlos y otro poco por los proyectos en los que participaba.T: ¿Cómo llegás a la antropología teatral?
DC: Fue un punto crucial en mi trabajo como actor y luego como director; estudiar con Cecilia Hopkins me permitió amplificar la huella de la danza folclórica y el tango en el cuerpo y ponerla a disposición del teatro. Hoy visualizo que también un proceso que marcó mi perspectiva fue un montaje que viví bajo la dirección del mexicano Alberto Villarreal.
Posteriormente las residencias en Dinamarca y el contacto con Eugenio Barba y el Odin Teatret me posibilitaron profundizar en procedimientos de dirección y actuación en esta línea. En Barcelona, donde residí unos años, tomé contacto con Jessica Walker y con el entrenamiento corporal/vocal grotowskiano de la mano de Pere Sais, y siento que ambos trayectos me permitieron comprender una dimensión profunda sobre el teatro que hoy necesito hacer, en el que creo y en la forma de producción que se funda con cada obra.
Este posicionamiento en la creación la extendemos a nuestras acciones en el trabajo que realizamos con Jairo Bedoya (el otro director del grupo) a todos los proyectos escénicos y de formación/investigación. En los últimos años, y gracias a colectivizar el trabajo, voy sintiendo que el impacto de nuestra práctica va teniendo eco en la comunidad, en la provincia y la zona.
Reconozco también que el contacto de Jairo con el grupo Matacandelas de Colombia y el mío con Luna Negra de México, también son influencias en nuestro hacer colectivo y grupal, en el modo de trabajo y compromiso con el arte y la vida.

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