90.1 Malvinas Argentinas
1 / 2

“El peso del talento” de Nicolas Cage queda demostrado en su comedia autorreferencial

destacada

Nicolas Cage encarna en “El peso del talento”, comedia de acción que se estrena este jueves en salas, una muy graciosa versión satírica de sí mismo en la que la metaficción tiene una presencia constante y se repasan sus cuatro décadas de carrera.

El reconocido actor cumple cuarenta años desde su primera aparición en la pantalla grande en la comedia juvenil de culto “Picardías estudiantiles”, el también debut en cine como guionista del premiado Cameron Crowe, y aprovechó la ocasión para producir y protagonizar un autohomenaje válido, entretenido y a tono con lo que su renovada base de fans requiere.

Luego de algunos traspiés después de llegar a la cima de Hollywood en 1995 con su brillante y conmovedor papel de alcohólico suicida en el drama romántico “Adiós a Las Vegas”, por el cual ganó merecidos Oscar y Globo de Oro, la carrera de Cage se revitalizó con buenas elecciones en el último lustro, en la que incorporó nuevo público a través de las destacadas “Mandy”, “El color que cayó del cielo” y “Pig”, y hasta en el universo Marvel poniendo su voz para la animada “Spider-Man: Un nuevo universo”.

En este caso, la metaficción producida por Cage, dirigida por Tom Gormican y escrita por éste y Kevin Etten, abarca referencias constantes al pasado glorioso -y no tanto- del actor, ya que al Cage de “El peso del talento” le pagan un millón de dólares para asistir al cumpleaños de un millonario encarnado por Pedro Pascal, quien lo idolatra y tiene un pequeño museo en su mansión llano de utilería de su filmografía, como la motosierra usada en “Mandy”.

La versión ficticia de Cage lo encuentra en una etapa decadente de su carrera en la que es rechazado en los papeles que quiere conseguir y está obsesionado con su futuro en el cine al punto de desconectarse por ese motivo de su familia, compuesta en la historia por su hija adolescente y su exesposa.

Lo que comienza como una comedia autorreferencial en la que Cage se burla de sí mismo deriva en una trama de acción y espionaje, sin abandonar un minuto el humor, cuando el protagonista es reclutado por una agente de la CIA (Tiffany Haddish) y obligado a vivir a la altura de su propia leyenda, canalizando sus roles más icónicos para resolver la situación.

De esa manera, con una carrera en el cine de acción construida para ese momento, el actor deberá asumir el papel de “Nicky” Cage, como llama en la película a su alter ego imaginario con el cual dialoga frecuentemente, inspirado en su propio yo de la década del noventa: un Cage exitoso, joven, salvaje y estridente que impulsa al Cage actual a ser más corajudo para retomar el éxito perdido.

Ese diálogo imaginario entre ambas versiones de sí mismo es otra de las capas metanarrativas más eficientes, ya que para el Cage joven hubo inspiración en una aparición memorable del actor en un programa de televisión en 1990 para promocionar “Corazón salvaje”, de David Lynch, ocasión en la que al entrar al estudio improvisó una vuelta carnero, patadas de karate, empezó a lanzar dólares a la audiencia y terminó sin remera para la entrevista.

Justamente esa idea fue la que volcó a Cage al proyecto: “Era mi aspecto favorito de la película. Quería luchar para que estuviera Nicky, era el personaje que se robaba la historia, el que más me hizo reír y el tipo que me hizo decir que sí al filme”, dijo el actor en entrevistas.

Para lograr el efecto, se dispuso una labor de maquillaje digital y se usó inteligencia artificial para crear un modelo de la cara del actor en los noventa basado en filmaciones de ese entonces.

No obstante, antes de aceptar el papel, Cage lo rechazó cuatro veces por resultarle ofensivo y burlón hacia su persona: “No quería saber nada con la película. Pero después de leer una carta que Gormican me escribió, entendí que no estaba tratando de burlarse”, contó al respecto.

A partir de que la película se mofa y celebra al mismo tiempo a Cage, la comedia es autoconsciente y el actor juega con su legendaria figura, lo que hizo ver al intérprete que la idea valía la pena, ya que le agradó que “había un interés real en su más inicial” y notó un tono celebratorio de sus mejores momentos en la pantalla.

Por ese motivo, el título original de la cinta, que se puede traducir como “El inaguantable peso del talento masivo”, es más representativo del espíritu hiperbólico de la película que el menos enfático nombre que se eligió para el mercado hispanoparlante.

Otro momento de divertida extravagancia se dio a partir de una idea del propio Cage: aprovechar la presencia de su otro yo para besarse a sí mismo.

“No me hubiese atrevido a sugerirlo siquiera, pero es exactamente el tipo de elección de Nicolas Cage que nos llevó a escribir esta película. Un día vino y nos dijo ‘chicos, tengo una idea: darme un beso con lengua a mí mismo’”, comentó el director en declaraciones a los medios.

Para acometer la pintoresca iniciativa, hubo que usar un doble y algunos retoques en posproducción.

Cage contó también que se comprometió con el proyecto en parte porque le permitía redoblar sus esfuerzos en cuanto a las actuaciones exuberantes, que se convirtieron en el estándar de su y uno de los aspectos más celebrados.

Esa característica estrambótica es lo que aleja a cierto público del de este particular actor que, no por nada, trabajó con Martin Scorsese, Brian De Palma, Ridley Scott, Werner Herzog, Oliver Stone, David Lynch, Alan Parker, Paul Schrader, los hermanos Coen, Spike Jonze y su tío Francis Ford Coppola.

El actor que renunció al famoso apellido (su nombre de es Nicolas Kim Coppola) para iniciar su propio camino sin privilegios, nos deja con su último un ejercicio metacinematográfico bastante inusual y muy bien logrado para redondear una de las mejores comedias del año.

Etiquetas: