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“Escribir es poder mentir sin tener consecuencias”

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En “Todas las vidas de Eva Ki” -el nuevo libro de ficción de Cristian Acevedo-, el autor evoca las memorias de una escritora ficticia capaz de recordar sus vidas pasadas, en una trama que se entreteje a partir de diferentes discursos que, según explica, intentan que sea el público lector quien decida “si es verdad lo que dice la protagonista o si es parte de su imaginación”.

Acevedo nació en Saladillo en la provincia de Buenos Aires en 1980 y es autor de títulos como “La sonrisa del rottweiler”, libro finalista en el Premio de Cuento Bernardo Kordon 2018, “Matilde debe morir” y “Matilde debe vivir”, éxitos literarios en el género juvenil. Las novelas narran la historia de tres personajes que saben que ocurrirá un crimen en el centro porteño pero el lector debe descifrar quién será el culpable. Estas obras tuvieron un resurgimiento en el 2020 a partir de recomendaciones en la plataforma TikTok que se volvieron virales y dispararon las ventas.

En “Todas las vidas de Eva Ki”, publicado por la editorial Umbriel, el escritor presenta un thriller construido a partir de saltos temporales. Se recorre la época de las “Mil y una noches” en Persia, en la que la protagonista se encuentra cautiva por un rey que quiere asesinarla como forma de vengarse de aquellas ex esposas que le fueron infieles. Para evitar la tragedia, Eva Ki le narra todas las noches un cuento y así mantenerlo en vilo. ¿Qué relectura cabría en esta época donde el rey podría considerarse un femicida y Eva Ki una víctima del sistema patriarcal? Según el escritor, él trabaja desatendiendo los temas que se debaten actualmente. “Hay cosas que ya fueron logradas en el presente desde el feminismo pero que en el momento que Eva Ki vivió, no”, explica Acevedo.

También se remonta a una temporada en Salem, durante la cacería de brujas. Y este recurso hace sentido porque la protagonista, una escritora de 73 años, afirma haber vivido distintas vidas. Mientras ella se encuentra en el geriátrico, decide escribir sus memorias porque se resiste a caer en el olvido luego de su muerte definitiva. Con esta premisa presente, la protagonista escribe, recuerda y se hace preguntas sobre los vínculos familiares, el amor y la memoria.

Sin embargo, el diario de la escritora no es el único discurso que hace avanzar la novela. Hay discursos provenientes de diagnósticos psicológicos y testimonios de celebridades de la actualidad. A lo largo de todo su relato está presente la duda sobre qué es ficción y qué no. Por ejemplo, la novela presenta como personaje de la ficción a un editor del sello que publica el libro. “Sé de casos de gente que creyó que sí existía el editor de Umbriel y salieron a googlear. Con eso, me parece que cumplí mi cometido”, afirma el escritor.

-¿Cómo surge la decisión de construir la trama de la novela a partir de distintos discursos: el médico, el psicológico y el editorial?
-Tiene que ver con jugar y poder mentir la mayor cantidad de veces. Escribir es poder mentir sin tener consecuencias, sin que le haga mal a nadie y también, me permite convertirme en alguien más. La primera voz es Eva Ki, una mujer de 73 años. También hablo desde la voz de una psicóloga, que fue complejo y que recibí comentarios de personas que estudiaron psicología. Me documenté bastante para la novela pero tenía muchas dudas. Por eso, quería también que se dude todo el tiempo, que sea el lector quien decida si es verdad lo que decía Eva Ki o si es parte de su imaginación.

-¿Fue una manera de poner en tensión la idea de una verdad única?
-Sí, exactamente. Está relacionado con poner en tela de juicio lo que se está leyendo. Eva Ki es una mujer de 70 años y, aparentemente, según la psicóloga está presentando rasgos de senilidad y decide contar memorias de sus vidas pasadas. La novela no termina de confirmarlo entonces la duda es una constante.

-Se plantea que en la literatura que las buenas historias contienen al menos dos relatos que se entretejen y acá hay varios. ¿Cuáles fueron los desafíos a la hora de enlazar las tres vidas de Eva Ki?
-El mayor desafío fue mantener un equilibrio y un regreso constante al momento en que se escribe. A un lector puede haberle pasado que se interesara más por una vida que por otra. Las historias no son más ni más extensas porque me parecía que cuando uno escribe sus memorias, o me imaginaba a mí, hay cosas que se omiten. Una de las vidas transcurre en el universo de las “Mil y una noches”. También hay una historia sobre la caza de brujas en Salem. Está la idea de que, si hay otras vidas, uno fue gladiador o soldado y nunca un personaje más, un extra o un esclavo. Me pareció bien contar historias normales como las que tenemos nosotros donde lo importante son los vínculos familiares.

-¿Qué importancia tiene el tiempo en la novela y qué rol juegan las preguntas que se hace la protagonista en sus memorias?
– También tiene que ver con jugar. El lector es el que tiene que trabajar, entonces aportaba a la participación. Una de las preguntas que se hace Eva Ki es “¿cuándo es el momento exacto en que nos enamoramos?”. Cuando uno se enamora, si tiene suerte muchas veces, reconocer el momento justo en el que pasa es difícil. Las preguntas están planteadas para hacer reflexionar al lector. Al margen de que ella pone cosas en cuestión, son reflexiones para que el lector, cuando termine la novela, las piense.

Las preguntas son las mismas que nos hacemos pero no nos tomamos el tiempo de pensarlas. Imaginé que podría pasarme a mí en los últimos días de mi vida, cuando no queda nada para adelante, solo quedan mis recuerdos. Me imaginé a Eva Ki sentada escribiendo sus memorias y no haciendo otra que recordar. Cuando tenemos todo el día para no hacer otra cosa, la memoria empieza a funcionar de manera diferente y si nos sumergimos en eso, no hacemos más que traer al presente estas preguntas y de cómo creemos que fue nuestra vida.

-Agregás citas de referentes literarios y mencionas a exponentes de la literatura en la trama, ¿de qué se tratan? ¿Son una pausa o funcionan como recomendaciones literarias?
-Son más bien una excusa. En cada nuevo capítulo, decidí incluir citas que -al principio- me servían para darle al lector una referencia a de donde venía lo que estaba escribiendo y después me di cuenta que lo mejor de estas citas fueron referencias a lecturas de Eva Ki. Funcionan como claves de las referencias que tiene esta novela, de aquellas historias que podrían tener semejanzas con la novela. También, si eran lecturas que evocaba Eva Ki, tenían que ser de distintas épocas y de todos los géneros. Habrá lectores que les parecerá interesante y saldrán a buscar o les resultará una pausa entre capítulo y capítulo o incluso incómodo.

-¿Considerás que tu novela indaga en el síndrome de Estocolmo, en tanto Eva Ki se enamora del personaje del Rey niño, quien la tiene cautiva?
-No lo planteé en ese sentido. Pensé que nos enamoramos de quienes nos enamoramos. A veces, nos enamoramos de gente que nos lastima, que nos miente, que engaña. Conocemos que durante las mil y una noches, Eva Ki le contaba cada noche un cuento al Rey para evitar que la matara y ella, sin embargo, se enamora de él porque la escucha y comparten muchas noches. Me parecía que era una forma de mostrar también algo tan complejo como que alguien que es asesino puede ser por momentos amable. Nunca es blanco o negro. Entonces me parecía que corría con naturalidad que ella se permitiera enamorarse del Rey niño y que no hablara tanto del Rey o de Eva Ki, sino de nosotros en el hecho de que nos parece natural. De hecho, Eva Ki se pregunta: “¿Cómo puede ser que me haya enamorado de él?”. Pero él, a pesar de ser un asesino, tiene la capacidad de escuchar, que no es una cualidad que tengamos todos y Eva se enamorara.

-¿Este hecho de la novela podría encontrar tensiones con algunos discursos del colectivo feminista?
-Escribí totalmente despreocupado porque intento no escribir en función de las temáticas que se discutan en el momento. Mi mayor desafío como escritor es que el texto perdure en el tiempo y a lo mejor en un futuro tenemos otras discusiones. Sin embargo, ella es una mujer que vivió muchas cosas. Hay cosas que ya fueron logradas en el presente desde el feminismo pero que en el momento que ella vivió no. Hay una vida en la que ella se enamora de Elizabeth y a ellas, las acusan de brujas por ser lesbianas, porque les gusta la literatura y por decidir no callarse. No tenía que ver con ningún debate que estén atravesando las sino con que si tuviste muchas vidas, a lo mejor, en algún momento te enamoraste de alguien del mismo género.

-En sus memorias, Eva Ki incluye sus sueños, ¿qué papel tienen en la novela?
-Surgió sin que estuviera programado. Escribí un capítulo donde la protagonista tiene memoria de sus muchas vidas y descubre que tiene sueños premonitorios. En un punto detecté que tenía sentido que una persona con muchas vidas, tuviera visiones. Escribo la novela capítulo a capítulo, no me siento a planificarlas porque descubrí con el tiempo que la forma en la que mejor me siento cuando escribo una novela es dejándome llevar. Las veces que planifiqué, esos planes iniciales nunca se cumplieron. Descubrí que soy bueno resolviendo cuestiones, si Eva de repente tiene sueños premonitorios en algún momento de la escritura, se que de alguna forma lo voy a poder resolver. Me resulta mejor hacerlo de esta forma, porque cuando me sorprendo yo como lector, me parece que voy por buen camino.

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