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Francisco: “Paciencia como el Negro Manuel y que él guíe nuestro camino”

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El lunes 20 de junio, Día de la Bandera, tras celebrar una misa popular en el patio de la “Casita de la Virgen”, a dos cuadras de la Basílica de Luján, y previo al almuerzo de guiso (gratuito), choripanes y pollo a la parrilla, desde una pequeña pantalla colocada en un pupitre de bajo un refugio de secas cañas de azúcar se difundió el vídeo que el líder terrenal de la iglesia católica grabó para los anfitriones, los Misioneros de Francisco de la localidad bonaerense de Luján.

“Presten mucha atención a lo que dijo el Papa Francisco. Nunca antes había escuchado una definición así sobre nuestro querido Negro Manuel. Es corta pero significativa”, advirtió a modo de introducción el sacerdote Sergio Gómez Tey, quien había celebrado la misa minutos antes junto a cuatro sacerdotes (de Luján y Mercedes), entre ellos, Juan Bosco, el ruandés y cura villero en una humilde capilla del barrio 17 de noviembre, en Villa Celina, partido de La Matanza. Bosco había llegado en con gran de su comunidad de chicos y adultos, en su mayoría bolivianos.

“Quiero estar cerca de ustedes”, así inició Francisco el vídeo publicado por el canal oficial de youtube del Vaticano. “Nuestro anhelo (en plural porque involucra a los pastores y miembros de la diócesis local encabezada por el obispo Jorge Eduardo Scheinig) es acompañar en este lugar la memoria y devoción de la de Luján y acompañar la paciencia del Negro Manuel”, decía Bergoglio con los anteojos puesto mientras pasaba sus apuntes y ya mirando a la cámara cerró con una definición contundente: “los acompañó y bendijo que la los cuide y el Negro Manuel interceda por todos ustedes” para convocarlos a “que vayan adelante con la fe sencilla, que recibimos de nuestros padres, de nuestro pueblo, que es la fe que cambia la historia” y cerró pidiendo la guía del “Negro Manuel”.

El público que vio y escuchó al Vicario de Cristo era en su mayoría humildes trabajadoras con sus familias, y entre ellos algunos destacados dirigentes y militantes y sindicales. Todos estaban sentados a la espera del almuerzo cuando sonó por los parlantes una música impactante que se mezclaba con imágenes del Papa argentino.

Entre banderas celestes y blancas mezcladas con amarillas y blancas con el lema Misioneros de Francisco, estaban las mesas dispuestas alrededor de los árboles donde pegado a la medianera (del otro lado la sede de la congregación de los Maristas) se instalaron parrillas y una gran olla donde se cocinaba a leña. Ante la mirada atenta de la imagen del Gauchito Gil, un santo no oficial pero muy popular, compartían el pan y el vino al secretario general de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), Esteban “Gringo” Castro, junto al cofundador de la organización educativa Scholas Ocurrentes, Enrique Palmeyro, pasando por la sindicalista en el organismo estatal SENASA, Carina Maloberti; su marido, el fundador del Comedor Los Pibes y secretario de Humanos de UTEP, Ángel “Lito” Borello; hasta la coordinadora de la primera comisión Afrodescendiente en un gremio, Tamara Barbará, de la Asociación del Personal Legislativo (APL), junto a varios de sus compañeros entre ellos Flexa Corre Lopes, el hijo de Fernando “Pino” Solanas; y el integrante del Observatorio de Humanos de CGT, Ezequiel Conde; el referente musulmán, Alejandro Salomón, y la referente de la comunidad afroargentina, Elida Obella.

El Paseo artístico que refleja el milagro de la de 1630 tiene ingreso por la esquina de la Casita, frente al parque de diversiones de Luján. No se cobra entrada. La obra artística es una gran mesa desplegada con la representación del milagro de la Virgen. Donde un indio mira a caballo a distancia, un gaucho desconfiado observa al Negro Manuel, en miniatura, que reza ante la imagen de la Virgen, y a su lado una carreta. En el fondo un gran amanecer pintado. Como serpenteando el ambiente uno recorre cuadros de artistas plásticos, banners con la historia de la y su fiel cuidador el ex esclavo africano Manuel, para muchos el abuelo de la patria, por ser testigo del milagro, y el primer devoto de la Virgen patrona de la Argentina. Un oratorio se instaló en un entrepiso. Está la imagen de Manuel, iluminado por una vela, y detrás un mural con una mujer afro que sostiene a su bebé dando la forma del continente africano y en el lado derecho la Virgen Inmaculada, como llegó a la Argentina antes que Manuel la transformara en la Virgen gaucha.

El feriado patrio se llenó de mística. Con un pequeño altar con la Virgen de Luján estaba acompañada de otra imagen más pequeña de manto negro, la Virgen de Aparecida, patrona de Brasil. Sin más techo que el cielo y el fondo de las torres puntiagudas de la Basílica la palabra del evangelio fue acompañada por un canto y guitarra de una mujer y las lecturas por niños o adolescentes. La homilía brotó del cura Gómez Tey quien resaltó los orígenes mestizos de la Patria Grande, del padre de la patria creador de la bandera, Manuel Belgrano, y clamó a los presentes que dediquen la misa “por la salud y paz del Papa Francisco, para que la Virgen de Luján, a quien ama y por la que tantas veces ha peregrinado, en estos momentos tan delicados lo proteja con su manto de las campañas en su contra”.

Entre mates que se compartían y el humo de la leña que parecía incienso antes del tradicional saludo de la paz de la misa, el cura celebrante rogó a los presentes “rezar cada día por la paz en Ucrania, como todos los países en guerra o conflictos violentos y empezando cada uno por su casa, su vecino, en el trabajo o cuando va a estudiar. Cada uno pida por la paz, todos los días, hasta San Pedro y San Pablo que es el próximo 29 de junio”. Antes del cierre se incluyó la oración por la canonización del primer esclavo liberado en Argentina, Manuel de Luján. “Llamemos y pidamos a nuestro padre como lo hizo Jesús en su calvario”.

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