90.1 Malvinas Argentinas
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Llegan a las competencias un documental español y un bello y enrarecido filme mexicano

por Agustín Argento y Pedro Fernández Mouján
Extrañas atmósferas en un western selvático.
La mexicana Yulene Olaizola, que hoy ingresa a la Competencia Latinoamericana del Festival de Mar del Plata con su filme “Selva trágica”, no es una desconocida en Argentina, llegó hace 12 años con un delicioso documental titulado “Intimidades de Shakespeare y Victor Hugo”, donde traía a luz una inquietante historia que se había desarrollado en un hospedaje que regenteaba su abuela en la intersección de dos calles famosas del Distrito Federal.
En el Bafici de 2008, Olaizola ganó el premio Mejor Película, arrancando una carrera muy promisoria tanto para esa cinta como para su carrera personal.
Hoy, después de varios años y varios filmes de ficción, llega a Mar del Plata con el muy interesante “Selva Trágica”, que tuvo debut en Venecia y ya se vio en festivales como San Sebastián, Hamburgo, Viena y Nueva York.
El relato del filme transcurre en la selva justo en la frontera entre Bélice y en México que están separadas por el Río Hondo en la famosa Quinta Roo, que alberga también las paradisíacas Tulum, Playa del Carmen y Mahahual.

trailer Selva trágica
La película de Olaizola no tiene nada de “paradisíaco”, más bien reinan las condiciones de unos superexplotados trabajadores que extraen el látex del chicle de los árboles en una gavilla desordenada donde se manda a punta de pistola y se descansa con alcohol en las venas.
A este lugar llega escapando de la muerte una mujer negra que huyó de Bélice y comienza desde su silencio y su belleza a inquietar y transformar ese endurecido mundo masculino con dimensiones trágicas.
Bellísimamente filmada en medio de la selva, con un manejo del tiempo de desarrollo del suspenso casi imperceptible pero acogedor e invasivo y delineando las acciones con sencillez y contundencia, Olaizola logra construir una suerte de western selvático con cierta dimensión sensorial paralela que lo arropa de contemporaneidad.
Algunos vestigios quedan en esos hombres duros y a la búsqueda de algún oro en un territorio sin ley de “El tesoro de la Sierra Madre” de Houston, pero la película de Olaizola es absolutamente original en su tratamiento visual y sonoro  y el clima enrarecido que surge a partir de las lecturas que la imaginería maya de los trabajadores hacen de la aparición de esa bella mujer morena. 
Murcia 1992, desempleo y resistencias.
En la Competencia Internacional, el español Luis López Carrasco  está presentando “El año del descubrimiento”, documental dos dos horas y media de duración sobre la crisis que impactó en la región de Murcia en 1992, con un relato intenso y sanguíneo, pero que peca de extenso.
Carrasco, que cuenta con otros tres largometrajes documentales y otro más en posproducción, echa mano al recurso de la pantalla partida, ubicando de un lado al entrevistado y, del otro, caras que se mezclan con ruidos de copas y el griterío de un bar.
No es caprichosa esta elección del realizador murciano. Las salidas de tragos y tapas son un reflejo, siempre, de las crisis y los momentos de alegría. Carrasco, así, le quita solemnidad a la película y la ubica en el plano social y popular.

El director Luis López Carrasco habla de El año del descubrimiento
No son ingenieros o sociólogos los que hablan. Son los propios operarios e hijos de trabajadores los que le ponen voz a la tragedia económica y ambiental que vivió esta zona de Cataluña, mientras Barcelona se preparaba para recibir los Juegos Olímpicos de 1992 y convertirse en una de las ciudades más importantes de Europa.
Mientras eso sucedía, en Cartagena, 600 kilómetros al sur de la capital de Cataluña, las principales empresas se iban de la zona, dejando un tendal de desempleados, que comenzaron a formar asambleas que culminaron con bombas molotov y manifestaciones con enfrentamientos frente a la alcaldía.
Pero Carrasco no se queda en la anécdota; realiza una radiografía socio cultural de Cartagena, demostrando que la crisis era previsible y que la propia sociedad, subyugada durante la dictadura de Francisco Franco, aceptaba el destino fabril impuesto.

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