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Luz y Severa, dos historias de exclusión y trabajo comunitario que busca reparar el plan Mi Pieza

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La iniciativa está destinada a mujeres, de 18 años, residentes en Barrios Populares del ReNaBap. Foto: Leo Vaca
Luz Oroa y Severa Quintana son promotoras de género en el Barrio Sagrada Familia, del municipio bonaerense de Tigre, y se anotaron en el nuevo programa Mi Pieza, del Estado nacional, con la esperanza de acceder a una línea de económica para ampliar y mejorar sus y tener “un techo digno”, a la vez que remarcaron que “es muy complicado salir a trabajar cuando una es mamá soltera”.
En la entrada al Barrio Sagrada Familia, ubicado en la localidad tigrense de Los Troncos del Talar, Luz y Severa recibieron a Télam bajo un sol brillante que calentaba la mañana.”Con mi fui construyendo despacito y para que mi hija salga de la violencia de género tuve que hacer un arreglo arriba primero y dejar lo mío en la mitad”, relató Severa (51), mientras caminaba por angostos pasillos hasta llegar a su casa de dos plantas sobre la calle Las Gardenias.
“Mi hija y yo sufrimos violencia. Me separé hace unos años por ese motivo también”, agregó la mujer, que trabaja como empleada doméstica y también es promotora de género del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).
Desde sus 17 años, Severa trabaja como empleada doméstica y ahora celebra que “está en blanco”. Foto: Leo Vaca
Cuando Severa llegó al barrio hace ocho años, donde hoy está su casa había solo dos paredes, un techo y piso de tierra, pero decidió comprarlo porque “en un alquiler se me iba a ir toda la plata”.
“Todo lo otro lo mandé a hacer yo sola, porque mi ex pareja no trabajaba, y cuando lo hacía era para sus cosas, sus cartas, su bebida”, contó la mujer a Télam, sentada en el sillón de su casa, acompañada por dos de sus cinco hijos.
Fue su hija mayor, de 34 años, quien la anotó con su celular al programa Mi Pieza, lanzado a fin del mes pasado por el de , que brinda asistencia económica para el mejoramiento y ampliación de viviendas registradas en el Registro Nacional de Barrios Populares (ReNaBaP).

La iniciativa está destinada a mujeres, mayores de 18 años, residentes en Barrios Populares del ReNaBap, argentinas o con residencia permanente, y se estima alcanzar en la primera etapa a unas 27.000 personas, con una de 5.000 millones de pesos, y un subsidio que oscilará entre 100.000 y 240.000 pesos.
En caso de salir sorteada, Severa quiere utilizar el dinero para levantar una pared nueva donde todavía usa la del vecino y cambiar todo el techo porque “me lo hicieron mal, gotea”.
La mujer digo a Télam: “También falta revoque en mi pieza y me filtra agua de ese lado cuando llueve, pero mi prioridad era construir para mi hija y sus chicos porque ella tenía que salir de su violencia”.
Por una empinada escalera de hierro se llega al primer piso, donde Severa mostró orgullosa el baño y las dos habitaciones que construyó para sus nietos, y aseguró que “despacito, estamos arreglando todo”. Y entre lágrimas agregó: “Me gustaría que no entre más esa humedad porque mi hijo es asmático y yo también. Me gustaría también que la ventana tenga vidrio, muchas cosas”.Desde sus 17 años, Severa trabaja como empleada doméstica y ahora celebra que “está en blanco” y llegó a un acuerdo con su empleadora para reducir su jornada a seis horas.
“Después de la pandemia empecé a sentir mucho mis huesos. Un año y pico estuve parada y ya no soy más aquella que de joven subía y bajaba rápido o se subía a limpiar unos en alto”, contó la mujer.💪🏽Cartoneros, costureras, trabajadores de la , vendedoras ambulantes, cuidadoras y pequeños productores, entre otros, nos organizamos y luchamos para que no haya ningún trabajador ni trabajadora sin derechos, ningún campesino/a sin tierra y ninguna familia sin techo. pic.twitter.com/f4vO2ESsR5— MTE (@mteargentina) March 19, 2021
Severa es junto a Luz Oroa, otra vecina del barrio, una de las promotoras del MTE que trabajan diariamente en atender, acompañar e informar a mujeres que están en situación de violencia de género. El punto de encuentro es el Club Sagrada Familia, que funciona como un centro integral para las casi 250 familias que viven en el barrio.
Allí se practican deportes, se dictan clases de manualidades, oficios, y funciona el espacio Vientos de Libertad del MTE que trabaja con jóvenes que atraviesan consumos problemáticos.
También se encuentra el comedor municipal, que abre todos los días, y que durante el peor momento de la pandemia tuvo “muchísimo trabajo”, por lo que Luz y Severa, junto a otras vecinas, se turnaban para realizar tareas de limpieza y ayudar en la cocina.”No porque estemos en una villa tenemos que vivir como si no significáramos nada para nadie””Luz Oroa
Entre las distintas actividades que realizan como promotoras de género, explicaron que acompañan a mujeres en situación de violencia a hacer la , porque “si vas sola a la comisaría, cuando te hacen preguntas y te plantean por qué tardaste tanto en denunciar te sentís mal”.
“No sé por qué tardamos las mujeres”, apuntó Severa y continuó: “A veces no sabés si lo haces por no quedarte sola o por ignorancia, no sé cómo llamarlo, porque yo tuve doce años de violencia”.
La mujer recordó que cuando ella hizo la denuncia “no estaba en este grupo” y advirtió que “es feo estar sola”, por eso ahora acompaña a todas las mujeres que lo necesiten, como hizo con Luz cuando le golpeó su puerta y le pidió que la llevara a la comisaría.
Luz es una de las más de 55.000 mujeres que ya se inscribieron a Mi Pieza. Foto: Leo Vaca
Luz, de 36 años, vive a pocas casas de Severa con sus cuatro hijos, sobre la calle Las Fresias y contó a Télam que “de a poco fuimos construyendo”.
Emigró de Paraguay hace catorce años y, desde hace trece, se asentó en el barrio en la casa que compró junto a su tío.
Luz empezó a vender chipá desde que se separó el año pasado, y explicó que “es muy complicado salir a trabajar cuando uno es mamá soltera” porque no tiene “a nadie de confianza” para que cuide de sus hijos más chicos.”Mi sueño es que mis chicos vivan bien como todos necesitamos estar por lo menos con un baño digno, un techo digno, como todos””Luz Oroa
“Prefiero trabajar de vender cosas así dignamente porque no estoy robándole a nadie tampoco”, aseguró frente al horno donde cocina el chipa, mientras su hijo de tres años corría jugando con una fotocopia que tenía impresa la imagen de un microscopio.
“Yo siempre digo que cuesta mucho tener chicos, más siendo todos varones, pero igual mis chicos están acostumbrados acá a hacer todo”, explicó Luz y agregó que se reparten las tareas y no pueden poner como excusa un “no porque yo soy hombre”.
Luz es otra de las más de 55.000 mujeres que ya se inscribieron a Mi Pieza porque quiere levantar una pared donde hoy tiene cerrado con maderas y arreglar el baño, por lo que espera que “ojalá salga sorteada”.
Foto: Leo Vaca
“Uno nunca sabe hasta cuándo va a vivir, hoy está, mañana no sabe, y por lo menos que mis hijos tengan un baño digno como la gente. Que no chorree y que esté seco”, contó y remarcó que “por eso luché un montón y lloré tanto cuando me separé por el tema de cómo veía la casa”.
“Mi sueño es terminar de arreglar acá, que mis chicos vivan bien como todos necesitamos estar por lo menos con un baño digno, un techo digno, como todos. No porque estemos en una villa tenemos que vivir como si no significáramos nada para nadie”, concluyó.Registradas y Mi Pieza: programas que apuntalan al sector económico de los cuidados

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