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Majo Moirón: “Me gusta escribir sobre personajes que son conscientes de un mandato”

Las protagonistas de “Los lugares equivocados”, el reciente libro de cuentos de Majo Moirón, habitan la incomodidad de preguntarse por los vínculos construidos y proyectan una posible fuga de sus mandatos para asomarse a un espacio nuevo en el que también puedan inventarse nuevos roles.

Una mujer que se está por casar, una documentalista que viaja a un país en guerra o una escritora que se instala en una residencia en Finlandia son algunos de los personajes construidos por Moirón (Buenos Aires, 1985) en este libro de relatos, editado por Rosa Iceberg, en el que cada uno de los universos condensa distintas perspectivas sobre las formas de ser hija, cuñada, hermana o esposa.

Con un registro poético, Moirón ubica a sus personajes en ese momento en el que advierten que algo va a cambiar: algunos parecen haber buscado ese cambio de rumbo, a otros los sorprende pero todos son narrados en movimiento y en un deambular que los transforma.

En esta entrevista con Télam, Moirón, también realizadora audiovisual e integrante del colectivo de poetas Máquina de Lavar, cuenta cómo fue el proceso de escritura de este segundo título -antes publicó el libro de cuentos “Lobo rojo”- y qué proyectos tiene en literatura y cine.Leí mucho a mis amigas. Magalí Etchebarne, Flor Monfort, Adriana Riva, Ana Navajas, Marina Gersberg, Agostina Luz López, entre muchísimas otras más que admiro un montón. Me sirve mucho leer poesía.” Majo Moirón

“Estoy escribiendo una novela que se llama ‘Wernicke’, desarrollando un guión de un corto documental que explora una narrativa vinculada a ‘Los lugares equivocados’ en donde trabajo, desde lo audiovisual, el género de autoficción. También estoy en un proceso lento de posproducción del documental ‘Cómo hablar con Lorrie Moore’. Y con planes de más booktrailers, mientras doy talleres y lavo los platos”, afirma vía correo electrónico.Télam: ¿Qué tienen en común las narradoras de “Los lugares equivocados”?

Majo Moirón: Todas estas mujeres narradoras tienen en común una transformación, o una búsqueda, porque tampoco creo en la transformación como una forma definitiva. La duda es siempre más absoluta, incluso tomando decisiones y avanzando desde ahí. Hay una búsqueda de una verdad en la conciencia de sus privilegios. Una incomodidad. Otra vez: nadar en la duda de volverse o no más flexibles. Desde diferentes puntos de vista que se tocan, miran un muro caer y buscan, como pueden, por dónde cruzar entre los escombros.T: Parece haber una diferencia generacional entre las protagonistas: las más jóvenes se hacen más preguntas, están más incómodas con los mandatos, en cambio las mujeres más grandes narradas (sobre todo las madres) parecen más sobreadaptadas ¿Coincidís?

MM: La generación que me tocó vivir a mí habita una especie de conjuro del límite. Vivimos el traspaso de la analogía a lo digital en un momento de sentimientos agazapados durante el paso hacia la adultez. Como mujer, fui criada y aprendí acerca de la noche del amor en un momento previo al feminismo. Después, esa ola me atravesó entre amigas. Me gusta escribir sobre personajes que son conscientes de un mandato y explorar cómo éste se interpone en sus decisiones de manera inevitable. Creo que crecer es un poco eso. Aquello que es permeable en las diferencias generacionales me parece interesante a la hora de narrar.T: Las narradoras, como hijas, como novias, como cuñadas, como hermanas, registran momentos de fuga en los que están en el umbral de un cambio. ¿Qué te interesa especialmente de ese momento en el se llega o se va llegando a una nueva situación? Me refiero a que hay procesos, más que puntos de llegada y eso las vuelve más interesantes, cercanas.

MM: Tener el control siempre es una mentira. Una nunca tiene el control de nada. Algo tiene que morir para nacer. Esta verdad está tan repetida que nunca la entendí del todo y quizás por eso escribí el libro: para habitar ese umbral de transformación que se puede resumir en una frase de seis palabras, pero que en la naturaleza abarca todo un proceso de descomposición y forma nueva mucho más complejo. Transitar ese momento y contar la complejidad de su textura. Escuchar el sonido, siempre jugando con palabras.T: Sos realizadora audiovisual, ¿cómo dialoga esa tarea con la escritura?

MM: La literatura siempre estuvo primero, aunque sea algo que me cueste asumir. Es un terreno donde me siento más libre. Yo filmo para contar lo que me pasa con las palabras. Cada vez que sale un libro de mis contemporáneas, quiero generar un vínculo más grande con esa obra. Así empecé a producir booktrailers.

Me interesa el cine con una narrativa más cercana a la de la literatura, como en sus orígenes. El año pasado, filmé un documental acerca de Santiago Llach y Lorrie Moore que es, también, una forma de contar eso que pasa cuando leemos un libro, esa especie de intimidad o estado de gracia.T: ¿Qué lecturas te acompañaron durante el proceso de escritura?

MM: Leí mucho a mis amigas. Magalí Etchebarne, Flor Monfort, Adriana Riva, Ana Navajas, Marina Gersberg, Agostina Luz López, entre muchísimas otras más que admiro un montón. Me sirve mucho leer poesía. A Sharon Olds casi como un mantra. A Joy Williams, a Lucia Berlin, a Natalia Ginzburg. Se hicieron mis amigas leyéndolas. Tampoco es que leo un montón pero releo bastante. Tardo mucho en leer libros y lo hago de manera medio digresiva mientras consumo Wikipedia y escucho mucha, pero mucha, música.

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