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Masculinidad sin violencia: otro legado obligado en memoria de Fernando

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Varones poniendo palabras para expresarse en lugar de hacerlo con golpes, rompiendo las complicidades que justifican las violencias y las agresiones “al diferente”, pensando su ejercicio de la masculinidad sin lastimar ni lastimarse, son algunos planteos que se proponen en grupos creados en distintos lugares del país por hombres y para hombres, espacios que hoy cobran una vigencia relevante en Argentina que mira azorada el juicio contra ocho jóvenes que asesinaron a Fernando Báez Sosa.

Hace tres años, el 18 de enero de 2020, Báez Sosa murió a sus 18 años tras ser brutalmente golpeado a la salida del boliche “Le Brique” en Villa Gesell, y por su asesinato son juzgados ocho rugbiers imputados de “homicidio doblemente agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas” por el Tribunal en lo Criminal (TOC) 1 de Dolores.

Los imputados tenían la misma edad de la víctima al momento del crimen: Luciano Pertossi (18 años), Blas Cinalli (18), Ciro Pertossi (19), Enzo Tomás Comelli (19), Máximo Pablo Thomsen (20), Matías Benicelli (20), Ayrton Michael Viollaz (20) y Lucas Pertossi (20).

Juan Pedro Guarino y Alejo Milanesi, que tenían 19 y 20 años, respectivamente, estuvieron esa noche en Villa Gesell, fueron imputados y luego sobreseídos.

El asesinato tomó una relevancia pública que permite avizorar cambios reales en muchos sentidos, entre ellos, sobre los mandatos de la masculinidad tradicional por otra, que no sea violenta para otros y para ellos.

Los tres ejes de las masculinidades, según un sociólogo

Michael Kimmel, sociólogo estadounidense pionero en estudios de las masculinidades hegemónicas las define en tres ejes: el cuerpo se utiliza como un instrumento para expresar el dominio; la identidad masculina se desarrolla a partir de actividades fuera de la sociedad (al aire libre) y de lo civil (deportes) asociadas a cualidades que expresan valentía, coraje, determinación y fuerza; y se posiciona creando al otro como oposición al nosotros, y así aparece la homofobia, la misoginia y el rechazo a masculinidades no-hegemónicas.

Sólo un dato: un testigo, Marcos Acevedo, declaró en el juicio que mientras le pegaban a Fernando le gritaban “negro de mierda”.

¿Qué se hace en Argentina para que esta masculinidad se reconvierta?

Según el del Mapa Federal de Experiencias con Varones y Masculinidades en Argentina del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, hay 266 espacios estatales, algunas experiencias institucionales y grupos de reflexión con varones que ejercieron violencia o quienes estén interesados en repensarse y cuestionar ciertos imaginarios y estereotipos imperantes alrededor de la figura del varón.

La Red de Equipos de Trabajo y Estudio en Masculinidades (RETEM) es una referencia en este mapeo y está conformada por 20 organizaciones de la provincia y Ciudad de Buenos Aires, La Pampa, Entre Ríos, Mendoza y Neuquén.

“La prevención primaria, a través de talleres de masculinidad y de prevención secundaria, con un trabajo en profundidad de los distintos ejercicios de violencia y la asistencia, en grupos y con continuidad”, es de la tarea de la Red, contó a Télam el psicólogo Aníbal Muzzín, uno de los referentes de RETEM que trabaja hace más de 10 años con varones en el porteño Hospital Teodoro Álvarez.

El profesional explicó que “se necesita que los varones tengan un mínimo de reconocimiento del ejercicio de la violencia, para luego trabajar la responsabilidad en el espacio grupal”.

También “tiene que haber espacios de trabajo en las currículas de todos los niveles educativos, de formación profesional, en hospitales, clubes, sindicatos, la justicia, con un plan estratégico a nivel nacional que incluya publicidades, una verdadera Micaela y no un cursito de tres horas aprobado”, añadió.

Otra experiencia es la de Santa Fe, a través de la Secretaria de Formación y Capacitación para la Igualdad del Ministerio de Igualdad, Género y Diversidad de la provincia, a cargo de Luciano Fabbri.

“El deseo de pertenecer, el temor de ser excluido y arrojado a la intemperie, opera como mecanismo de disciplinamiento, silenciamiento y complicidad”, tuiteó el funcionario cuando hizo un análisis, con perspectiva de género, del asesinato de Fernando.

Fabbri creó con su equipo el programa de Masculinidades por la Igualdad, con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) en Argentina, que “está orientado a involucrar y participar a los varones de las políticas públicas con y diversidad”.

“Es una práctica a tomar de referencia porque no se presenta como una acción dispersa o fragmentada, sino que al ser institucionalizado, permite que las políticas de masculinidades trasciendan al gobierno de turno”, valoró Fabbri en diálogo con Télam.

Una de las líneas de trabajo es con varones que ejercieron violencia, otro es el programa de Multiplicadores encargado de replicar la experiencia en otras áreas de Gobierno y en la sociedad, y la tercera se sustenta en “rondas de varones”.

Se trata de talleres presenciales en clubes, instituciones deportivas y colegios, que “apuntan a la conversación y reflexión crítica de mandatos y estereotipos de masculinidad, la relación entre violencia, complicidad y la promoción de masculinidades corresponsables”, indicó.

“Atendiendo las resistencias de los varones, enfatizamos en que no se trata de estigmatizar, atacar o amenazarlos, sino de ofrecerles una oportunidad para identificar y revisar esos mandatos que hemos naturalizado”, señaló el funcionario.

Desde Salta, el coordinador del programa de Intervención para Hombres, de la Subsecretaría de Políticas de Igualdad y Diversidad, el sociólogo Agustín Pérez Marchetta, sumó el trabajo que se hace en la provincia.

“Tenemos una pata preventiva, pensando en mandatos, estereotipos, eventos culturales, desde la literatura y el rap. Ponemos en juego cuáles son los imaginarios de cada persona. Y ya es un avance que un varón, con el mandato de la fuerza y lo rudo como fue el crimen de Fernando, donde los rugbiers mataron ‘al varón más débil’, se enfrente a otro con palabras, y se vea cuáles elige y con qué símbolos te ataca o te reta. Es ser agresivo sin ser machirulo”, detalló.

Para el profesional “el problema es cuando la agresividad se vuelve violencia explícita y es la forma de relacionarse con el mundo”.

“Al año, solo trabajamos con 80 varones que ejercen violencia, y 2000 en preventiva, donde armamos batallas de rap y los enfrentamientos se dan en la palabra de otras formas, pero se necesita mucho más, hacer una apuesta, con acompañamiento de presupuesto para que se sostengan redes”, resaltó y reforzó lo que dijeron los otros especialistas: se necesitan propuestas que se sostengan el tiempo con el compromiso de los hombres.

El Mapa Federal de Experiencias con Varones y Masculinidades en Argentina puede consultarse en este link. 

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