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Miguel Diani: “La familia es el inicio de todo lo bueno y de todo lo malo”

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El libro del dramaturgo Miguel Diani, “Elefantes”, concentra una colección de teatrales estructuradas muy cerca del cuento y donde el humor negro ocupa un lugar fundamental.

Publicado por El Zócalo, el libro reúne cinco obras, de las cuales “Elefantes” y “Mordedores”, tienen la estructura de cuento siniestro y en diálogo con Télam, el autor explicó que se trata de “esa monstruosidad que transforma a las pesadillas en realidades”.

Se transita un cuento sin narrador, pero con sus características: inicio, nudo y desenlace. La historia se desarrolla en un de cuento y la atmósfera es misteriosa.

Las otras tres obras, “El extraño caso del señor oruga”, “El chico de la habitación azul” y “Casi millonarios”, comparten esa estructura de cuento, pero contados desde el grotesco y el teatro de la crueldad.

Diani nació en Buenos Aires en 1957. Fue guionista de televisión y actualmente es directivo de Argentores. Publicó otras antologías de sus en Corregidor y en Eudeba y los libros “La cocina de los dramaturgos 1, 2 y 3”.

En la actualidad una de sus publicadas en esta colección “El chico de la habitación azul” se está representando en El teatro del Pueblo con dirección de Enrique Dacal.

-Télam: Suele decirse que el teatro es la narrativa de lo urgente. ¿Está de con esta idea al pensar en su obra? -Miguel Diani: El dramaturgo es un autor con capacidades diferentes. Y dentro de esas capacidades está la de contar historias urgentes, necesarias. Como las que se contaron en Teatro Abierto, donde los textos fueron la voz urgente de los silenciados. Y en estas historias creo que también encontramos esa urgencia. Urgencias sociales. Gritos de familias desesperadas. Personas que se reencuentran con ellos mismos y con su vida.

-T.: En su trayectoria como guionista y dramaturgo hay un tema recurrente que ha abordado desde distintos lugares: la familia. ¿Cómo surge la necesidad de escribir sobre este tema?

-M.D.: La familia es el inicio de todo. De todo lo bueno y de todo lo malo. Es una caja de Pandora. Entonces me parece atractivo comenzar estructurando personajes inmersos en lo cotidiano, que a veces, de por si, puede ser terrible. Y luego una vez que tengo claro quiénes son y qué les pasa a esos seres, comenzar a involucrarlos con lo macro y exponerlos a situaciones, también complejas, pero ya con rasgos políticos o sociales.

-T.: Actualmente está en cartelera “El chico de la habitación azul”, el traspaso del texto a la obra sobre un escenario, ¿qué reflexión tiene del paso de una semiótica a la otra?

-M.D.: Un texto dramático a diferencia de uno narrativo, tiene su cierre final cuando se convierte en espectáculo. Cuando sus personajes cobran vida en un espacio teatral. Cuando interactúa lo creativo de los actores y el director con las propuestas escenográficas y de vestuario. Allí, recién, un dramaturgo o dramaturga, ve su obra. Allí cuando en vivo y en directo recibe la respuesta del público. Un autor de narrativa no puede ver la reacción de su público cuando lee su libro. En cambio, un autor o autora de teatro tiene el privilegio de verlos reír y llorar. De verlos sentirse atravesados por lo que están presenciando. Los sentidos se ponen en funcionamiento en el espectador con el teatro. Con respecto a “El chico de la habitación azul”, Dacal hizo un trabajo enorme con el texto. Sabiendo llevar de la mano por ese extraño a los dos actores, Hugo Men y Gabriel Nicola, y a la exquisita Amancay Espindola. Todo el equipo hace un trabajo brillante y me siento muy feliz que hayan sido ellos quienes le dieron vida a esta obra.

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