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Para el equipo de Lula, es clave que el mundo reconozca rápido los resultados

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 El equipo de campaña del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva consideró “fundamental” y “necesario” que la comunidad internacional, en especial los países del Mercosur y los latinoamericanos, reconozcan el 2 de octubre por la noche los resultados divulgados por la justicia electoral con el objetivo de bloquear posibles denuncias de fraude del presidente Jair Bolsonaro en caso de derrota, que podrían generar inestabilidad.

El senador Randolfe Rodrigues, del Partido Red, coordinador de la campaña electoral de Lula, alertó en una entrevista con Télam en San Pablo que existe “riesgo de vida” de brasileños en caso de que la elección no se resuelva en una primera vuelta, a partir del acceso por parte de civiles bolsonaristas a armamento y municiones en los últimos tres años debido a la nueva legislación armamentista.

“Es fundamental que los gobiernos de América Latina y la comunidad reconozcan el resultado de la justicia electoral apenas sea proclamado. Esto neutraliza la posibilidad de una inestabilidad interna y los atentados contra el orden democrático”, dijo Rodrigues.

“Este es el escenario ideal para nosotros”, agregó el senador, que señaló que es importante para rechazar “una amenaza golpista o de violencia”.

El equipo de campaña de Lula quiere bloquear así la posibilidad de que Bolsonaro, como viene haciendo desde 2021, considere que si no gana es porque hubo algún tipo de maniobra fraudulenta en el sistema de urnas electrónicas.

Los mensajes de Bolsonaro a la comunidad

El lunes, desde Londres, desafió los resultados de todas las encuestas, que dan como favorito a Lula, y sostuvo: “Si no gano en primera vuelta la reelección con más del 60% de los votos es porque hubo algo raro”.

Bolsonaro ha emprendido una batalla de largo aliento contra el Tribunal Superior Electoral (TSA), al que obligó a aceptar técnicos de las Fuerzas Armadas para realizar una suerte de escrutinio paralelo.

El presidente del TSE, Alexandre de Moraes, es también juez de la corte, el Supremo Tribunal Federal, y el encargado de investigar al presidente y a varios de sus aliados por conspirar contra la Constitución.

En ese marco, Lula podría tener en el gobierno estadounidense del demócrata Joe Biden un aliado contra el llamado “trumpismo tropical” que representa Bolsonaro, a quien en 2018 también asesoró el ideólogo de la extrema derecha digital Steve Bannon.

Este miércoles, la embajada estadounidense envió a su encargado de negocios, Douglas Koneff, a dialogar con Lula en un hotel de San Pablo. En el encuentro participaban el excanciller Celso Amorim y el exjefe de gabinete de Dilma Rousseff Jacques Wagner, ex gobernador de Bahía, según reportaron medios locales.

Aún está presente el temor a un “efecto Capitolio”, es decir, una crisis como la del 6 de enero de 2021 en Washington, en la que trumpistas invadieron la sede del estadounidense para no reconocer el resultado electoral.

El antídoto, para el senador Rodrigues, es que la coalición que respalda a Lula se movilice hasta el 2 de octubre para poder lograr una victoria en la primera vuelta por más del 50% de los votos, sin necesidad de un balotaje el 30 de octubre.

“El carácter de esta elección no es algo político. Ganar en primera vuelta no es un cálculo político, sino que tiene ver con la democrática y civilizatoria. Hay riesgo de vida de brasileños en una posible segunda vuelta”, alertó el senador.

Y citó que desde el inicio de la campaña un dirigente del Partido de los Trabajadores (PT) y un elector de Lula fueron asesinados por bolsonaristas por cuestiones políticas.

Marcelo Arruda, tesorero del PT de Foz do Iguazú, estado de Paraná, vecino a Misiones, fue asesinado por el agente penitenciario Jorge Guaranho, al grito de que “Bolsonaro”, mientras que en Mato Grosso, Bendito Cardoso, de 44 años, fue ultimado con 15 puñaladas por su compañero de trabajo bolsonarista, con el que discutía de política, llamado Rafael Silva de Oliveira, de 22.

“Cuanto más cerca está la fecha, mayor el nivel de violencia. Un resultado desfavorable el 2 de octubre o una diferencia grande que pueda hacerlo inviable en segunda vuelta, puede llevar a radicalización del bolsonarismo”, enfatizó.

Ante una pregunta de Télam sobre si el movimiento de siete partidos que respaldan a Lula considera que habrá un levantamiento de las Fuerzas Armadas o si considera real el riesgo de un autogolpe, Rodrigues respondió que lo más peligroso es lo que está fuera de las instituciones, como el casi millón de civiles armados que compraron armamentos y municiones por las normas flexibles impuestas por el Gobierno.

“Nuestra preocupación mayor es el descontrol de las y municiones en poder de civiles. Las fuerzas armadas creo que se someterán a la Constitución. Las policías militares de los estados pueden tener algún tipo de insatisfacción, pero no creo en motines o sublevación. La preocupación es lo que no tiene control, los clubes de tiro, las armas en poder de civiles alentadas por el gobierno”, explicó.

En este marco, el expresidente Lula comenzó a intentar atraer a los que decidieron no ir a votar, teniendo en cuenta que la abstención en 2018 fue del 20%. Pero sobre todo, también, en los barrios de las periferias de las ciudades, donde existe lo que Rodrigues llama el voto del miedo.

“El fascismo quiere ahora implementar la política del miedo para no ir a votar. Existe una campaña flagrante a través del miedo para que los votantes de Lula no vayan a votar. La intimidación a los votantes de Lula en las zonas más populares no podemos permitirla. Hay que movilizar y ocupar las calles. No es quedarse en casa, sino ir a la calle e ir a votar”, declaró.

Desde el inicio de la campaña, Lula reforzó su seguridad y usa chaleco antibalas. El estilo del exmetalúrgico de 76 años de abrazar a las personas es un alerta permanente, sobre todo porque ya hubo hechos violentos en dos actos, uno en Río de Janeiro, con una bomba de fabricación casera confiscada por la policía, y otro en Minas Gerais, donde ruralistas lanzaron agrotóxicos hacia la multitud.

“Fue montado un buen aparato de acompañamiento y hasta ahora funcionó bien. Al mismo tiempo, no podemos distanciarnos del pueblo y de los militantes”, afirmó el senador.

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