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Paula Mariasch: “Como arquitecta construyo con pocos recursos y mi escritura también tiene síntesis”

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Mariasch nació en Buenos Aires en 1977 y “Negro casi azul” es su primer libro.
Entre la búsqueda del amor y la maternidad y en el discurrir de la elaboración de un pero también de un legado, la arquitecta, fotógrafa e ilustradora Paula Mariasch construye “Negro casi azul”, un relato breve y ágil con el que logra pintar un autorretrato que vuelve sobre la muerte de su madre y despliega una indagación sobre la maternidad en esa intersección viscosa entre mandato y deseo.Mariasch nació en Buenos Aires en 1977 y “Negro casi azul”, su primer libro, es de la colección “Sencillos” de la editorial Vinilos, una apuesta a libros breves y condensados para leer “de una sentada”. En pocas páginas y con capítulos breves, la autora transita con cierta tensión y crudeza los claroscuros de una familia, el peso de los mandatos y lo inexplicable de la muerte.
“Cuando lográbamos ir a lo de mi mamá, con sus cosas todavía ahí, nos desarmábamos. Mi hermana se tiraba en la cama a llorar y yo hacía de contrapeso ordenando copas de cristal, la porcelana, y también sacaba de todos los objetos que no iba a ver nunca más. Al volver a mi casa con algunos cachivaches me sentía vacía”, cuenta la autora.
Negro casi azul, editado por Vinilo.”Negro casi azul”, entonces, es un color que evoca Mariasch pero también un clima y un recorrido que se sostiene y retroalimenta, con lógica arquitectónica y cierto poético, que acompaña al lector mientras avanza en el texto.-Télam: ¿Cómo abordaste el proceso de escritura de un libro de pocas páginas, muy condensado?
-Paula Mariasch: Venía escribiendo un diario desde hacía un tiempo y lo desarrollé en el taller de Santiago Llach. Estaba, sobre todo, centrado en el universo de la fertilización asistida, la búsqueda del amor y la maternidad y, también, por supuesto, sobre mi historia familiar y, en particular, sobre el episodio de la trágica muerte de mi mamá. Escribía de modo muy intuitivo, sin una idea general ni, mucho menos, pensando en armar un libro.-Télam: ¿Cómo trabajaste en la etapa de la edición para que el material se convirtiera en libro?
-P.M.: En el momento en que Joana D´Alessio, de Vinilo, me propuso publicar el libro, tenía la mitad del texto escrito pero sin editar. Pero todavía no lo sabía, así que continué escribiendo. De pronto, me encontré con un choclo de parrafitos, un montón de partes que me gustaban pero había que encontrarle un orden y un sentido a todo eso. Fue un muy artesanal que hice junto a Joana y a Mauro Libertella para probar distintas estructuras. Lo dividimos en pequeños capítulos, lo separamos en dos partes y trabajamos sobre un archivo compartido en el que nos dejábamos comentarios. Hubo un gran ida y vuelta hasta llegar al libro final. Implicó desarrollar algunas escenas nuevas, eliminar otras, ordenar para que no sea un texto caótico. Fue un placer trabajar con ellos: confié desde siempre y me entregué con mucho placer a ajustar las marcas que me hacían. En un momento, me resultó algo difícil saber de qué se trataba el libro, si era sobre el amor, sobre la búsqueda de la maternidad, sobre mi propia madre, y resultó que todo estaba interconectado y finalmente el libro se trata de todo eso junto, pero lo pudimos saber más hacia el final de la edición. Era mi vida en pequeños recortes de escritura.-T.: ¿El color “negro casi azul” -que da nombre al libro y que se debe a dos cuestiones puntuales- era una representación que tenías en la cabeza y que uniste a partir de las dos historias? ¿Cómo se te apareció el pantone?
-P.M.: Cuando conocí a Sow, uno de los personajes del libro, que es africano, se lo quise describir a una amiga y me salió decirle así, que era tan negro que parecía azul, y eso quedó en el libro. Al pensar en el título, creímos que esa expresión hablaba de algo triste por lo oscuro, negro, blue, así que nos pareció que ese título podía sugerir varias de las cosas que pasan en el libro, aunque sin decir casi nada.
En pocas páginas y con capítulos breves, la autora transita con cierta tensión y crudeza los claroscuros de una familia, el peso de los mandatos y lo inexplicable de la muerte.-T.: Sos arquitecta. ¿Cuál es tu relación con la escritura? ¿Qué puentes tendiste con los años entre estas dos actividades?
-P.M.: Soy arquitecta, de eso. La escritura me ayudó mucho en momentos personales difíciles. Asistir al taller de Santiago Llach y que mi propia vida se fuera convirtiendo en un relato del que otres hablaran como si fuera ficción también me sirvió mucho. No encuentro un vínculo muy directo entre una actividad y otra, pero tal vez sí puedo pensar en una relación si pienso en que me gusta construir con pocos recursos y creo que mi escritura también tiene algo de eso, de síntesis y minimalismo, sin ornamentación. Además, como en la arquitectura, en donde hay que definir el layout funcional de un proyecto, en este trabajo había muchas piezas que había que ordenar y ver cómo funcionaban mejor. Primero, en el contexto del taller, fue lanzar todo. Era algo muy íntimo con poca gente, en donde escribía sin filtro, de una forma muy verdadera, y después hubo que hacer un trabajo más elaborado para estructurar todo eso. Fue una tarea un poco como de constructor.-T.: En el texto hay dos historias que “pingponean”: una vida que se apaga de forma repentina y las distintas búsquedas de un embarazo. ¿Qué te resultó interesante al indagar en ese diálogo?
-P.M.: Hay una relación entre lo que la protagonista hace para conseguir lo que busca y el legado y mandato de su madre que ya no está. Quise mostrar algo del de la fertilización asistida, de lo común, aunque difícil, que se volvió el hecho de buscar un hije sin un compañero o de lo complejo que se nos hace a las , a veces, concretar eso que no sabemos muy bien si es un deseo, un mandato o un poco de ambos.

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