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Radiografía de la extraordinaria cultura emiratí y su vínculo con Argentina

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Con un pie en la tradición y otro en la modernidad, el emirato de Dubai, antiguamente una pequeña zona de palmeras en el medio del desierto, logró convertirse en uno de los principales destinos turísticos de Medio Oriente, con una arquitectura futurista que convive con sus antiguos mercados callejeros y una imponente oferta cultural que -en un guiño a Occidente- abarca la feria de contemporáneo Art Dubai, el distrito de galerías Alserkal Avenue y el festival de diseño Sikka, un ecosistema que convive con sus vecinos Sharjah, donde se realiza la de arte, y el lujoso Abu Dhabi, con el imperdible Louvre.

La presencia de la galería NYU Abu Dhabi Art Gallery en la región, el desembarco de la histórica subastadora Christie’s en la feria Art Dubai, que presentó su famosa cumbre de debate Art+Tech por primera vez en Medio Oriente y la inminente llegada, prevista para 2025, del Museo Guggenheim Abu Dhabi, da cuenta de los lazos que la región está creando con Occidente a medida que define su identidad, un mosaico diverso y transdisciplinar, histórico y de vanguardia, lujoso y folclórico de la cultura emiratí.

Es una verdadera constelación de espacios culturales los que abren sus puertas durante la semana del de esta región, en coincidencia con la feria de contemporáneo Art Dubai, que en 2023 tuvo su más grande edición hasta la fecha y donde sorprendió la presencia argentina a través de las galerías Ruth Benzacar y Piedras, junto a 140 stands de todo el mundo y la posibilidad de ver “lo que en ninguna feria de arte de occidente”, dijo a Télam el director artístico Pablo del Val sobre el conjunto de artistas provenientes de Beirut, Hamburgo, Londres, Mumbai, Nueva Delhi, Ramallah, Belgrado, Karachi, Manila, Calcuta, Nairobi, Singapur, Estambul, Casablanca, Teherán y Buenos Aires, entre muchas otras.

Las mujeres vestidas con sus clásicas túnicas negras llamadas abaya, que les cubren el cuerpo completo y acompañan con un pañuelo en la cabeza, y los hombres cubiertos por su blanca impoluta kandora son una postal habitual que se entremezcla con las carteras lujosas y los trajes costosos de los occidentales, al recorrer la despampanante sede de la feria, el complejo de Madinat Jumeirah, una suerte de isla residencial, junto a la zona costera de esta ciudad, inspirada en una ciudadela árabe, como las de “Las mil y una noches”. La entrada a la feria cuesta 90 dirhams, la moneda local emiratí (algo así como 25 dólares).

Aun así, la cultura de Dubai es un rompecabezas al que le falta una pieza, una postal difícil de descifrar, especialmente por sus contrastes, un sitio que de por sí respira exclusividad pero donde a su vez conviven su tradición más atávica con su visión ultra futurista (con sus 800 metros, el Burj Khalifa es en Dubai el rascacielos más alto del mundo), y un imaginario asociado al “lugar de oportunidades”, como si se pudiera hablar del “emiratí way of life”.

Para acortar la distancia con Occidente, se puede ver en la plataforma Netflix un reality show -que avergüenza un poco a los locales y ajenos- donde personas que llegaron literalmente sin nada cuentan cómo se convirtieron en millonarios en este ampuloso emirato que alguna vez supo ser solo dunas y, por extensión, relatan sus dramas cotidianos: “Estoy deprimida: mis carteras no caben en mi mansión de seis habitaciones”, dice por ejemplo una de las participantes de “Dubai bling”, una serie dispuesta a mostrar la vida cotidiana de hombres y mujeres con el telón de fondo de los autos de lujo, los desfiles de moda y los exóticos complejos turísticos junto al mar.

En las antípodas de este show se encuentra por ejemplo el Museo Al Shindagha, una de las principales atracciones culturales de la ciudad, en uno de los barrios más antiguos del emirato, que conserva su arquitectura original y se ubica junto a las históricas aguas del arroyo de Dubai, que turistas y residentes cruzan en bote cada día, concebido como un medio más de transporte. Al llegar, se puede ver flamear la bandera nacional de los Emiratos Árabes Unidos, con los colores rojo, verde, blanco y negro, que simbolizan la unidad árabe.

Una exposición inmersiva, en un pequeño cine que se asemeja más bien a una capilla, ofrece para los visitantes la proyección “Dubai Creek: el de una ciudad”, una narración de sus humildes comienzos (Dubai fue una vez un pueblo de pescadores y buscadores de perlas), a través de una experiencia multimedia a la que se suman videos interactivos, pantallas táctiles, fotografías, mapas y objetos que permiten comprender cómo era para los emiratíes formar una familia junto a las aguas fluviales.

“Este es el centro original de la ciudad de Dubai y este su skyline original”, dice sonriente la directora del museo mientras extiende su mano y señala la vista al arroyo, entre cafés, gaviotas que pasan volando y paseantes sentados junto a los sencillos bancos que miran a la costa.

El museo, enclavado en el barrio histórico, se ubica junto a residencias tradicionales, mezquitas y antiguas torres de vigilancia, primera parada de la visita para los periodistas invitados a la ciudad por la feria Art Dubai: construcciones separadas por callejones serpenteantes, patios interconectados y plazas públicas.

La misma entrada para el Museo Al Shindagha permite acceder también a la Casa de los Perfumes (The Perfume House), una suerte de centro cultural que explora la milenaria historia de las esencias y fragancias características de la región -cómo se elaboraban los aceites, perfumes e inciensos tradicionales-, y el recorrido por una serie de dispositivos olfativos que permiten sentir aromas variados, desde la madera Dihn Al Oud (una exótica resina producida en los troncos de los árboles de Aquilaria), hasta las rosas e incluso del azafrán.

Como si fueran nubes de vibrantes colores realizadas con tules, que envuelven el espacio, se llevan todas las miradas y también las selfies en la galería Concrete la etérea obra de la artista Rana Begum (Bangladesh) que bajo el título “Dappled Light” se exhibe en Alserkal Avenue, una antigua zona industrial convertida en distrito artístico, parada obligada para los miles de visitantes que llegan a Dubai. En un puñado de manzanas a la redonda, se aglutinan “más de 70 espacios entre galerías de contemporáneo, diseñadores, estudios abiertos, residencias y talleres, con la misión de apoyar la producción cultural en Dubai. Lo que comenzó en 2008 como un pequeño bloque de almacenes y una veintena de galerías de arte ahora es un centro urbano de más de 46.000 metros cuadrados que fusiona arte, gastronomía, música y eventos culturales”, señala a Télam Mahnoor Haque, directora de asociaciones y relaciones VIP del lugar.

Grandes letras pintadas de verde e iluminadas dan forman la palabra Sikka (en árabe y en inglés) y dan la bienvenida a la 11 edición del Festival de y Diseño Sikka, que se desarrolla a cielo abierto: un despliegue de murales, instalaciones, cine, diseño, música, exposiciones, poesía y textiles de artistas dubaitíes -el verdadero ADN del emirato- que dan color y energía a las las estrechas callejuelas de este antiguo barrio llamado Al Fahidi, y que este año tuvo por lema “Nueva creatividad. El mismo camino”.

Más de 150 creadores de todo el mundo -incluida la argentina Gabriela Golder- participan actualmente de la 15 edición de la de Sharjah, bajo el lema “Pensar históricamente en el presente”, que se despliega -hasta el próximo 11 de junio- en 19 sedes de cinco pueblos del pequeño emirato que algunos ubican a la sombra de sus vecinos más conocidos Dubái o Abu Dhabi. Pero Sharjah ha tomado identidad como el emirato de los museos, con 22 instituciones −la mitad de la totalidad de museos de todo Emiratos Árabes Unidos- que se han sumado a la intensa programación de esta primavera, como el Museo de de Sharjah, el Museo de la Civilización Islámica de Sharjah o el Maraya Arts Centre.

Se tarda aproximadamente dos horas en micro desde Dubai hasta Abu Dhabi -la capital de Emiratos Árabes Unidos- para conocer esa joya arquitectónica y patrimonial conocida como el Louvre Abu Dhabi, el primer museo universal del mundo árabe, el más grande proyecto cultural de Francia en el extranjero, diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel sobre una isla virgen entre la arena y el mar.

El Louvre posee 650 obras en su colección y es el primer museo de Emiratos dedicado a contar la historia universal. Aquí tratamos de hacer énfasis en nuestras similitudes y no en nuestras diferencias. Por ejemplo, la luz como algo divino es algo en lo que coinciden todas las religiones. Incluso en eso tenemos puntos en común”, dice a Télam Bashayer Al Khoori, una de las educadoras del museo Louvre Abu Dhabi, en el inicio del recorrido por el edificio al que su socio francés presta todos los años cien obras maestras.

Esta institución de 24 mil metros cuadrados y un domo en el exterior que pareciera flotar sobre el agua, es resultado del acuerdo entre el gobierno de Francia y esta joven monarquía del Golfo Pérsico rica en petróleo, que intercambiaron el poderoso nombre de su marca Louvre por un contrato de 30 años y 700 millones de euros. Todos se preguntan por aquí qué ocurrirá al término de ese período.

“Esta es nuestra obra de la suerte”, señala Al Khoori a una pintura de Mondrian de 1922 (“Composition with Blue, Red, Yellow and Black”), la primera obra que compró el museo para su colección y que, tal como se vez en la sala, está archivada internamente como la pieza número 001 del acervo que tuvo su puntapié en el año 2009.

Diseñado por el célebre arquitecto Frank Gehry, el futuro Museo Guggenheim Abu Dhabi será el mayor y más reciente de los museos internacionales de Solomon R. Guggenheim Foundation, que estará situado en el distrito cultural de la Isla Saadiyat y albergará obras de moderno y contemporáneo de Asia Occidental, África del Norte y Asia Meridional.

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