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Sellos que llegan por primera vez a la Feria, coreografía de una vidriera en expansión

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Con un buen de ventas al término de la primera semana de la apertura La Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, luego de dos ediciones ausentes, la expectativa de las pequeñas y medianas editoriales que participan por primera vez en ella, sea porque fueron creadas en pandemia, porque las subsidiaron para exhibir sus catálogos en el evento librero más importante de la región, o porque se autoconvocaron compartiendo espacios colectivos, es empírica, variable y siempre intensa.

En su quinta edición el Nuevo Barrio -adonde exponen sellos invitados por la Feria- recupera nueve presencias que quedaron vacantes después de 2019 por el virus del Covid. La marplatense Letra Sudaca trajo consigo sus traducciones locales de no ficciones sobre música y cine como la serie jazzera “Miles por Miles”, Talking jazz” y “Horror”, libro que recupera historias del ícono italiano de la filmografía de terror Darío Argento -el museo Malba (avenida Figueroa Alcorta 3415, CABA) proyectará “Terror en la ópera”, un filme suyo de 35 milímetros, el 12 de mayo a las 19-.

El “Manifiesto para cyborgs” de Donna Haraway, la feminista más desafiante de los 90, sigue siendo el más pedido. Llegaron “sin más expectativas que llevar el día y sólo en las Jornadas Profesionales se vendieron 200 ejemplares de distintos títulos”, dijo a Télam Santiago Subiela, uno de sus fundadores.

En ese mismo espacio un sello rosarino y otro cordobés se dieron cita para exponer un catálogo de libros objeto y libros álbumes exquisitos, artesanales y únicos para niños y adultos. Se trata del espacio Terrazas silvestres, resultado de la conjunción de la cordobesa Ediciones de la Terraza y los rosarinos Libros Silvestres. Vanina Boco, cofundadora del primero, reconoce en la Feria la gran vidriera deseada después de una pandemia que surfearon “gracias a la compra de dos títulos para el Plan de Lectura Nacional, sin eso hubiera sido imposible seguir”.

La opción digital en su caso no era viable, pero en las primeras jornadas “nos compraron libros de Perú, Chile, Brasil, nos vieron de todas las provincias. Eso es la feria”, resume Bocco que, para referirse al contexto que atraviesa el sector, tiene su propia experiencia: “Teníamos planeado imprimir ‘El viaje imposible’ como novedad 2022 para presentar acá pero todavía no se pudo por la escasez de papel”.

En el stand 427 del pabellón Azul, donde B&R Distribución, la distribuidora de Blatt & Ríos, presenta el catálogo de más de 20 sellos independientes. Tres títulos convocan a algunos de los lectores más eclécticos: “Putas”, “Todo Diego es político” y “Clics, precarización y en el periodismo”. Son publicaciones del sello santafesino Síncopa, nacido hace año y medio, en pandemia, con la intención de publicar sin perseguir números ni cantidades, sí “temas surgidos desde las márgenes, fuera de la endogamia de la perspectiva del porteño clase media de cierta tendencia política -probablemente progresista- del discurso predominante”, dice su fundadora, Bárbara Pistoia.

Publicamos cuando aparece algo que queremos y que podemos, porque muchas veces hay un abismo entre esas instancias, las posibilidades son muy limitadas”, indica sobre el sello, exclusivo de no ficción que busca recuperar la disciplina de la crítica como obra, “con toda la implicancia ideológica, estética y poética que conlleva ese desafío”, haciendo ensayos consistentes que puedan reposar en cierta informalidad en su tono.

“Vendimos bien, las expectativas son que el libro llegue a lectores inesperados, que extienda su alcance, otra forma de cortar la endogamia y condescendencia de ciertas perspectivas” dice Pistoia, que celebra presentarse esta primera vez “en un stand que muestra la potencia del editorial argentino y de las editoriales independientes que saben levantarse y hacer jardines en medio del desierto”.

“Eso es un poco la gran batalla -agrega-, la falta de papel, los precios en ascenso, el papel a precio dólar, las impresiones casi imposibles. Nos pasó con “Todo Diego es político”, nuestro caballito de batalla, es muy difícil seguir el ritmo de los costos. El Estado se tiene que plantar y poner políticas que nos favorezcan”.

“El libro fue de los pocos que creo pudo surcar la pandemia con cierta suficiencia -acota otro primerizo, Pablo Franco, de la ‘marazulina’ Flor Azul-, es un artefacto que no deja de sorprendernos. Cuando más horas de pantalla todos sufríamos más libros nos dimos cuenta que necesitábamos”. Y ahí están los títulos del sello compartiendo stand con Síncopa, proponiendo contrapuntos con su libro álbum “Nieblita del Yí”, de María Domínguez y Juan Forn, una versión libre de una historia de W.E.Hudson ilustrada por Teresita Olhaberry, o la novelas “Subrogar”, de Natalia Peroni. ¿Los precios? De 1200 pesos a 2500.

“Llegamos con las mejores expectativas, nos ha ido bien, compartir stand con sellos maravillosos es una gran oportunidad para editoriales con catálogos chicos, no hay forma de afrontar un espacio sólo para nosotros”, resume Franco.

De pandemia, meses previos y durante, son otros dos sellos que debutan en La Rural, el infantil Ralentí y Vinilo, concentrados en el stand colectivo de Big Sur, en el 1622 del Pabellón Amarillo. Su creadora, Joana D’Alessio sintetiza con vivacidad los sentimientos encontrados que produce la Feria: “me agobiaba pensar en todos esos días, toda esa gente, todo ese lugar enorme, esos libros que quiero tener y aún no tengo…y el primer día que vine simplemente fui feliz, con toda esa gente, todos esos libros… se respiraba felicidad, vitalidad, futuro. Algo que viene bien”.

¿El mayor desafío? “Los libros están un poco caros y hay una gran crisis con el papel y acá se suma la inflación, un panorama muy complejo para el mercado editorial. Pese a eso, sigue existiendo la feria y está llena, no? Creo que es todo lo que puedo aportar sobre este tema y que nos está yendo súper bien con las ventas”.

La feriante novata y mexicana Perla ediciones es la joyita de ese espacio, con rarezas imperdibles como “Rey mono”, algo así como el Quijote de la literatura china o una cuidada traducción de “La casa de las almas”, de otro pope del terror, el escocés Arthur Machen, logrando con esta triangulación un precio más accesible que el de las traducciones ibéricas, que ronda los cinco mil pesos.

Las expectativas de Futurock, otro sello neófito en grandes ferias que “gracias a un gran esfuerzo”, dice la editora Leila Gamba, llegó con stand propio, en el 325 del pabellón Azul, tuvieron que ver con “ocupar un espacio no tan accesible para proyectos de este tamaño”, encontrarse con sus lectores y acceder a un público masivo. “Como novedad, ayer recibimos de imprenta la segunda edición (expandida, corregida y con nuevo diseño) de ‘Eva y las mujeres’, de Julia Rosemberg, otro clásico de la editorial que, mientras dure la feria, sólo podrá conseguirse en nuestro stand”.

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