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Volvió Maverick

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Peter “Maverick” Mitchell está de vuelta, el mejor piloto de la historia de la aviación naval estadounidense con sus virtudes y defectos intactos regresa en “Top Gun: Maverick”, secuela del filme estrenado 36 años atrás, que hoy se vio en Cannes para la prensa y aterriza en la Argentina el próximo jueves 26 de en salas.

La segunda parte, a diferencia de lo que suele suceder, supera ampliamente la primera, que fue un suceso de la década del 80 y significó el salto a la fama de un joven Tom Cruise, dirigido entonces por el fallecido Tony Scott -a quien está dedicado el filme-, y que recaudó más de 350 millones de dólares por taquilla en todo el mundo.

En esta revival a cargo de Joseph Kosinski, hay muchísima y mejor acción, con tomas áreas de los combates y los vuelos de los F-18 de la Marina de Estados Unidos absolutamente increíbles e inéditos, casi un proceso inmersivo en las cabinas de los pilotos de los modernos McDonnell Douglas a velocidades insospechadas y en una vibrante operación de destrucción y fuga de obligados 2.30 minutos para salir vivos del intento, que no dejan otra alternativa que ser vistos en pantalla cinematográfica (cuanto más grande mejor) y con sonido envolvente, para escuchar cómo esos aviones rasgan el aire, el ruido de las metrallas, las explosiones y los misiles cuando alcanzan un objetivo.

A 36 años de haberse graduado como teniente y luego de haber acumulado fama en acciones de guerras cercanas del imperio como Afganistán e Irak, Maverick languidece cerca del retiro obligado pero es salvado por la máxima autoridad de la aviación marine, su antiguo contrincante y amigo Ice (Val Kilmer), que lo necesita para que capacite y dirija una operación de destrucción de bases de uranio enriquecido enclavadas en peligrosas montañas de un país que no se nombra, acaso como resguardo geopolítico ya que se ha vuelto común que los aliados se transformen en enemigos y los enemigos en aliados de un día al otro en el complejo tablero donde se dirimen los intereses de las potencias internacionales.

Partes emotivas, además de las de acción frenética, hay varias: una, el nuevo romance de Maverick, ahora con una mesera interpretada por Jennifer Connelly; dos, las ceremonias de camaradería y 3, lo más importante, el encuentro de Maverick con Bradley “Rooster” Bradshaw (Milles Teller), hijo de Goose, el fallecido copolito de Marverick en una acción de entrenamiento de la primera película, cuya culpabilidad por la pérdida sigue cargando.

De hecho, la relación Rooster-Maverick arranca muy mal, producto de una serie de malentendidos que han ido creciendo con el tiempo y que nunca se pusieron en claro pero, como es de esperar en un filme como este, el amor prevalece.

Jon Hamm, el atractivo publicista de la logradísima serie “Mad Men”, como el superior incómodo e iracundo de Maverick, Monica Barbaro, como expresión de territorios laborales ganados por la en las últimas décadas, y Ed Harris como otro malhumorado jefe de la aviación marítima, junto a una entrañable aparición de Val Kilmer, completan el elenco general del filme.

Aquella recordada escena de bellos cuerpos masculinos en cueros jugando al vóley en la playa y que generó suspiros por años se remplaza ahora por un juego de fútbol americano en la orilla del mar con la idea de renovar el mito pero mantenerlo vivo, un guiño a aquellas escenas que activaban humores líquidos en un mundo pasado y que, aunque parezcan lejanas, siguen siendo efectivas o, al menos, agradables y risueñas.

Férreo defensor del cine de sala, Cruise produce y trae otra vez a la pantalla historias que se narran para ser vistas en cinemascope y seguir batallando la guerra que algunos creen perdida contra las plataformas, porque aunque alguno pueda ver “Top Gun: Maverick” meses más tarde a su estreno comercial en la pantalla de un televisor o una computadora nunca podrá decir que efectivamente “la vio”, su experiencia será parcial, mutilada, menor, olvidable.

Nada más que puro entretenimiento y sentimientos puros se le pueden pedir a la nueva película de Tom Cruise que tuvo premiere en Cannes, donde el actor de infinidad de títulos recibió una Palma honorífica, pero entretenimiento en grado de perfección superlativa.

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